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Cuidado de los mayores en China

La búsqueda de un camino sostenible entre lo ideal y lo posible

(在理想与可能中寻找可持续的路——中国养老情况)


Por Ignacio Ramos Riera y Ke Zhang*


Artículo publicado el 19/06/2023 en la Revista Mensajero


(Mayores abandonados en el campo jugando majiang, foto: ZHANG Ke)


Las personas mayores en China conciben habitualmente su propia felicidad en base a la famosa expresión “la alegría de la lógica del Cielo” (天伦之乐), que para ellos alude a un estar rodeados de hijos y nietos en los últimos años de la vida. Esto mismo sucede para los hijos e hijas: la felicidad de sus padres ancianos es parte del propio concepto de felicidad. Al fin y al cabo, la familia es desde antiguo el núcleo de la sociedad china; la virtud denominada piedad filial (孝道) es una característica destacada de la cultura tradicional china. Entre las Escrituras Clásicas chinas se encuentra el Clásico de la Piedad filial (《孝经》). Según la tradición fue compuesto por Zengzi, un discípulo de Confucio, hace más de dos mil años, antes de la época imperial. Cuando los niños están aprendiendo a escribir, se emplean muchos cuentos relacionados con la virtud de la piedad filial para que practiquen los caracteres, por ejemplo, los relatos acerca de los “24 modos de ser buen hijo”. En la actualidad, muchos productos publicitarios se anuncian empleando escenas de familia unida, desde menaje del hogar hasta seguros de negocio, pasando por medicina preventiva o por ofertas turísticas.


(Tres generaciones de una misma familia en el Templo del Cielo. Foto de internet)


Durante varios miles de años el modo típico chino de afrontar la vejez ha estado basado en la cultura de la “familia como centro”: era obligación de los padres criar a los hijos y retribución socialmente exigida que estos mantuviesen luego a sus ancianos progenitores. Los chinos expresan este cuidado mutuo de manera legendaria y metafórica aludiendo a las crías de cuervo que, llegadas a la adultez, alimentan a sus madres cuando éstas empiezan a no poder valerse por sí mismas. Esta mentalidad encuentra refrendo legal también en la actualidad, tanto en el código civil como en la Ley de Protección de los Derechos e Intereses de los Ancianos. La normativa vigente establece que la vejez ha de pasarse en principio en casa y confieren a los tribunales la potestad de obligar a los hijos a cumplir el deber de mantener económicamente a sus padres si se da el caso de que éstos no tienen suficientes recursos.

Hay gente en China que siente preocupación ante cómo afectará la modernización del país a este asunto. Entre las jóvenes generaciones, hay un creciente individualismo y una creciente preocupación por la realización personal. Algunos se preguntan si esta nueva mentalidad no está ya provocando un abandono de la mentalidad tradicional del cuidado de los mayores en la familia. Sin embargo, recientes investigaciones de 2023 han constatado que los nacidos en las décadas de 1980 y 1990 aún se identifican notablemente con la visión de que mantener a sus mayores es su deber, cosa que pasa por el apoyo económico a los gastos sanitarios.

El cuidado de los mayores dentro de la familia sigue siendo el modo más común de atención y gestión de la vejez. Diversos estudios realizados en los últimos diez años apuntan a tres factores fundamentales que afectan al grado de felicidad de los ancianos, a saber, su situación familiar personal –que está condicionada por si son o no viudos–, sus ingresos –que en contextos urbanos se deben fundamentalmente a la pensión–, y los servicios sociales que reciben –que se valora en función de la cantidad de actividades que se ofrecen para mayores y de la atención sanitaria–. El factor más relevante en el grado de felicidad es la situación familiar, seguido del nivel de ingresos y del nivel de la atención sanitaria. Así pues, los mayores que cuentan con pareja tienen mayor nivel de felicidad que los/las viudos/as, y, por su parte, los/as viudos/as que viven con los hijos manifiestan un mayor índice de felicidad que quienes, de entre ellos, viven solos.

Si bien el modelo de cuidado en la familia sigue siendo la opción más común, tanto a nivel conceptual como factual, en los últimos cuarenta años, el increíble desarrollo de China ha ido introduciendo cambios enormes que presentan grandes retos a dicho modelo, especialmente en zonas rurales. En ese intervalo de años, China ha pasado de ser un país rural –con mucha pobreza– a ser un país industrial, y lo ha hecho con una rapidez y con unas dimensiones nunca vistas antes en la historia de la humanidad. La población china contaba en 2022 con un nivel de ingresos anual de 36.883¥ anuales (unos 4.917€). Este es el índice más utilizado en China para este tipo de estimaciones. Sirve para medir el salario o ingresos que, en términos absolutos, reciben de media los ciudadanos. En términos de Producto Interior Bruto per capita, según el Banco Mundial, China se acercaba ya en 2021 a la mitad de España (12.500$ frente a 30.100$), pero no llegaba a una quinta parte de EE. UU. (70.200$). Sin embargo, la relativa baratura de algunos bienes de consumo como los alimentos básicos, el combustible o la electricidad que se disfrutan en China hacen que, en términos de PIB ajustado por paridad de poder adquisitivo, según el Fondo Monetario Internacional, el gigante asiático haya superado ya a EE. UU. (30.200$ frente 25.500$ respectivamente, en 2022).

La esperanza de vida media de los chinos ha crecido mucho, sin embargo, la edad media de la población también crece sin cesar. Es pertinente aquí ofrecer algunos datos básicos: los resultados del séptimo censo de población a nivel nacional ofrecidos en mayo de 2021 gracias a datos recabados por las oficinas de seguridad pública repartidas por toda China mostraban que 264 millones de personas estaban por encima de los 60 años. Esta es la edad de jubilación habitual en China a partir de la cual se considera a alguien miembro de la tercera edad. En otras palabras, un 18,7% del total de la población china está formada por personas que han alcanzado la edad de jubilación, por más que algunos de ellos sigan trabajando en función de sus circunstancias. La Comisión Nacional de Salud de China calcula que, para 2035, este número habrá alcanzado los 400 millones, más del 30% del total de entonces. Este envejecimiento paulatino se debe también al hecho de que el tamaño de las familias se ha reducido drásticamente debido a la política del hijo único mantenida durante más de cuarenta años, y a que los índices de natalidad actuales continúan siendo enormemente bajos. Se trata de cambios que están dificultando la posibilidad y sostenibilidad del cuidado de los mayores dentro de la familia.

Por esta razón, China no tuvo más remedio que lanzar un sistema de seguridad social que pudiese constituirse como un “sustituto” del cuidado familiar o al menos un “subsidio” de éste, ofreciendo cobertura sanitaria, garantizando descuentos fiscales en el pago de impuestos a los hijos que sostienen a los padres, o construyendo mejores infraestructuras que faciliten la movilidad y animen a los mayores a socializarse fuera de su vivienda. Las concreciones más evidentes de estas medidas son las plazas diseñadas para el baile público, los parques con aparatos de gimnasia y los grupos de arte. Así mismo, el gobierno está liberalizando cada vez más el negocio del cuidado de los ancianos.

En 2020 el índice de población jubilada en comparación con la población laboralmente activa se situaba en un valor de 19,7%. Este y otros datos que siguen han sido emitidos bajo la autoridad del Consejo de Estado de China gracias al censo de población publicado en 2021. Algunos expertos hacen predicciones que, para 2050, ubican este ratio de dependencia en un 50%, es decir, una situación en la que dos trabajadores tendrían que encargarse de asumir las pensiones de un jubilado. El envejecimiento de la población china es ya muy elevado y se está acelerando. Este fenómeno es un problema de gran urgencia para el país.



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La proporción de población urbana en China es cada vez mayor. En 2021 era de un 63,89%. Los jóvenes del mundo rural abandonan el campo para ir a la ciudad a estudiar o trabajar, de modo que solo quedan ancianos y niños en los pueblos pequeños y las aldeas. Estos dos grupos de población carecen del nivel de servicios sociales y cuidado de que gozan sus homólogos en la ciudad. Esto sigue siendo así, a pesar de que hace unos veinte años la seguridad social china comenzase a cubrir también las zonas rurales, cosa que antes no ocurría. En 2023, un jubilado que viva en una zona catalogada como rural recibe de media 179¥ al mes (unos 25€) de pensión, que, a pesar de que los precios de alimentación pueden ser hasta cuatro veces más baratos que en Europa, es una cantidad aún muy insuficiente para sostenerse.


(Mayores abandonados a su suerte en el campo. Foto de internet)


Esto hace que los mayores del campo necesiten más apoyo económico de sus hijos que los de la ciudad. Los hijos que viven en la ciudad podrán enviarles remesas, pero no proporcionales el apoyo afectivo que ofrecen las visitas o la ayuda con asuntos domésticos y sanitarios. Los mayores del campo están más expuestos y más solos. Sin embargo, si dejan el campo para vivir junto a sus hijos en la ciudad renunciarán a los ingresos que les proporciona la tierra y aumentarán la presión económica que ya sienten sus hijos. Esto lleva a una gran mayoría de personas mayores a optar por depender de sí mismas para evitar convertirse en una “carga” para los hijos. En la actualidad, se trata de un colectivo realmente necesitado de afecto y de atención social.

Confucio afirmaba en sus Analectas que a los sesenta se es capaz de llegar a síntesis creativas que integren opiniones diversas y que a los setenta uno puede vivir conforme a los deseos del corazón sin extravagancias. Quizá por eso tantos chinos muestran cierto entusiasmo en llegar a la edad de la jubilación más pronto que tarde. Pero será necesario que puedan plantearse bien cómo pasar lo que podría ser el último tercio de su vida en condiciones cada vez más apuradas. La proverbial sencillez de vida y práctica del ahorro de que han hecho gala muchas generaciones de chinos, puede que tenga más visos de continuidad de lo que la convulsa modernización de China podría hacer pensar. En esta ocasión, serán virtudes alimentadas por la necesidad. No es fácil pensar hoy día que China vaya a cambiar sus políticas de inmigración de una forma radical de aquí a –digamos– 2050, para pasar a ser una sociedad con significativos porcentajes de población extranjera como ha sido el caso de las grandes naciones atlánticas.



- Este artículo ha sido publicado el 19/06/2023 en la Revista Mensajero. Puedes leer el artículo en su fuente original aquí.


*Nota: Las ideas contenidas en las publicaciones de Cátedra China o de terceros son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento de esta Asociación.


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