Irán, visto desde China


Geografía, política, economía e historia


Comencemos por la geografía. Hace aproximadamente 750 años, Marco Polo en su viaje hacia China ya tuvo que atravesar Irán. Primero intentó bajar hasta Ormuz (hoy Bandar Abbas) para ir por barco hasta India y, de allí, a través de los estrechos de Malaca, subir hasta China. Aunque luego volvió por esta ruta, a la ida y, en vista de la fragilidad de las naves, tomó finalmente el viejo camino de las caravanas a través de Kermán y Tonocain para internarse en lo que hoy es el norte de Afganistán -junto a la frontera con Turkmenistán- y desde allí cruzar Tayikistán y llegar a China propiamente desde Kirguistán por el paso de Terek. Así que una parte clave de los caminos que conectan China con Europa y el Mediterráneo pasan por Irán. También, junto con Pakistán, muchos de los que llevan a África.


Sigamos con la política y la economía. La Iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road Initiative, BRI)[1] es un marco general de cooperación internacional que el Presidente Xi Jinping propuso al comienzo de su mandato en 2013. Sus objetivos primeros fueron promover la conectividad, la coordinación de iniciativas y el desarrollo en el continente euroasiático. Como corresponde a cualquier política china, su formulación ha sido y es bastante laxa, y ha ido evolucionando de forma conjunta a los intereses del China tanto geográficamente como desde el punto de vista de las actividades económicas que incluye. Además de ayudar al despliegue de todo tipo de infraestructuras de transporte y de energía, ha ido incorporando nuevas actividades como agricultura, construcción, turismo, fabricación, integración financiera, intercambios culturales, científicos y tecnológicos hasta llegar a una ruta de la seda digital -telecomunicaciones, almacenamiento y computación en la nube, y sobre todo seguridad e identificación digital. En el ámbito geográfico, lo que empezó siendo Eurasia ha terminado incluyendo África, Oceanía y Latinoamérica. En 2019, la Oficina para la Promoción de la BRI indicaba que 125 países eran ya firmantes de la BRI[2]. En el mismo año, un informe del Banco Mundial sobre la BRI identificaba 70 corredores de la BRI que conectaban diferentes países con China y que conjuntamente significaban el 40% del comercio de mercancías global[3]. Este mismo informe estimaba que las inversiones ejecutadas o planeadas sobrepasaban el medio billón de dólares.


Desde el punto de vista histórico, se puede comparar la BRI con el plan Marshall de los EE. UU. para Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Ambos coinciden en su objetivo fundamental que, por supuesto, consiste en ayudar a naciones con economías en dificultades y necesitados de inversión extranjera que sustente su desarrollo. Pero también coinciden en las ventajas para EE. UU. -para China- al respecto de financiar la compra de productos y servicios generados en estos dos países, de clientelizar las industrias de los países ayudados con posibles mercados cautivos, de consolidar su correspondiente influencia geopolítica y de reforzar la posición de sus monedas en las transacciones internacionales.


Irán como paradigma


En este marco geográfico, político y económico el caso de Irán encaja como un guante. Es un país con un tamaño económico y una cantidad de talento nada desdeñables que lo hace atractivo per se. Igualmente, necesitado de una cuantiosa inversión extranjera para sostener su economía después de las sanciones de EE. UU. debido a su participación en los conflictos de Oriente Medio. Unas necesidades de financiación exacerbadas debido a los desastrosos efectos de la pandemia del covid-19 en el país. Y que puede exportar productos petrolíferos a una China muy deficitaria en este aspecto.


Desde el punto de vista de China, su posición estratégica es clave y en gran medida alternativa y/o complementaria a la de Pakistán[4]. Así que el desarrollo de infraestructuras de transporte como carreteras y ferrocarriles que lo comuniquen con las rutas a través de Asia Central parece una medida completamente lógica. Al igual que lo es crear nuevos puertos que sirvan de terminales de las rutas terrestres, de enclaves logísticos de las rutas marinas, y eventualmente puedan proporcionar apoyo a operaciones militares en la región. El caso más notorio es quizá el del puerto de Chahbahar en Irán, del que India se está retirando debido a las sanciones de EE.UU. y donde China puede entrar como reemplazo.


Pasando a la parte digital de la economía, Irán tiene las economías de escala necesarias como para hacer atractivo el despliegue de comunicaciones móviles 5G y soluciones en la nube. También tiene un sector bancario que no está particularmente más avanzado que el chino, pero que aún tiene mucho por desarrollar en las fortalezas chinas de comercio electrónico y pago por el móvil, más aún si se tiene en cuenta que las sanciones incluyen las dificultades de acceso a los sistemas occidentales de pagos. Además, forma parte de la estrategia china de ir paulatinamente creando una moneda de reserva en torno al yuan, sea físico o digital.


El acuerdo y sus implicaciones


Precisamente, las informaciones[5], probablemente interesadas, que se han filtrado del acuerdo estratégico entre China e Irán hablan de unos términos en los que se menciona la habitual preferencia china por el largo plazo -25 años-, de comercio y de cooperación militar, y de inversión en infraestructuras de transporte como carreteras y puertos, pero también en el sector financiero y en telecomunicaciones. Todo a cambio fundamentalmente de petróleo iraní a buen precio. De hecho, al mejor precio del mercado más un descuento que se cifra en torno a un 12% y China como cliente preferente. Un excelente acuerdo mercantil para China en su tradicional capacidad negociadora.


Este acuerdo, que a la fecha de escribir estas notas sigue sin estar completamente claro si se ha ratificado o no, también es un paradigma de implicaciones estratégicas. EE. UU. ha convertido a Irán en uno de sus grandes enemigos y una alianza con China en el actual estadio de creciente confrontación es sin duda ninguna un paso más en el desarrollo de esta.

Sin ir mucho más lejos, queda la pregunta de que en el caso de que el acuerdo se ratifique e implemente, qué sucedería con las sanciones estadounidense al comercio con Irán, ¿se aplicarían a este caso? Igualmente está la cuestión de cómo implementarlo en la práctica. ¿Existe un sistema de intercambio suficientemente desarrollado paralelo al actual o se implementaría como alguna versión de la economía del trueque? Quizá en este contexto hay que leer unas declaraciones del economista jefe del Banco de China argumentando a favor de que se utilicen sistemas de pagos internacionales diferentes de los estándares globales[6].


Además, Irán no es China[7]. Es un país más transparente, menos homogéneo y donde existe una oposición visible al actual gobierno -y al acuerdo- y un parlamento que no es meramente decorativo. Tiene además universidades capaces, una población -y una diáspora- educada y crítica. De hecho, internamente en Irán se ha comparado este acuerdo al que en 1828 cedió una parte considerable del sur del Cáucaso al entonces Imperio Ruso[8].


También es interesante observar cómo China ha procurado quitarle importancia a este acuerdo, insistiendo en que es simplemente parte de su programa de alianzas estándares con países amigos. Conociendo la aproximación tradicional de China, quizá sea ésta la prueba más concluyente de que es verdaderamente importante, pues en otro caso hubiera sido utilizado sobre todo dentro de sus fronteras para consolidar su imagen como potencia mundial.


Finalmente, China es bien consciente de que ninguna potencia mundial ha salido bien parada en los últimos cien años -y quizá nunca- de los conflictos en esta parte de Asia, y que igual que todos los que le han precedido debe guardar un complejo equilibrio entre el mundo árabe, el persa, el otomano e, incluso, Israel. Pero también es cierto que no tiene prisa. El tiempo juega a su favor ahora mismo.


Agradecimientos


Esta nota no hubiera sido posible escribirla sin la ayuda de Ángel Álvarez en Madrid, Ángel Gómez de Ágreda también en Madrid y Farhad Azermi en Teherán.

[1] Su primera traducción al inglés fue la de One Belt One Road, para hacer referencia a un cinturón económico que conectara a China con Europa similar a la ruta de la seda tanto por tierra (a través de Asia Central) como por mar (a través del estrecho de Malaca o desde Pakistán, combinando una parte terrestre y una marítima). En 2015 la traducción más popular cambió a la correspondiente a BRI aunque el nombre en chino siempre ha sido el mismo. [2] http://files.chinagoabroad.com/Public/uploads/content/files/201904/201904220254037.pdf [3] World Bank. (2019). Belt and Road Economics: Opportunities and risks of transport corridors. Washington: World Bank. [4] La geografía de Asia condiciona las rutas de transporte posibles mucho más de lo que parece simplemente observando un mapa político. La continuidad geográfica y la viabilidad de la ruta requiere de Irán y Afganistán (hasta ahora bloqueado por la presencia de EE. UU.). Pakistán podría esquivarse para conducir la BRI hasta el Mediterráneo, Irán no. Al ocupar todo el ancho entre el Caspio y el Índico, Irán es paso obligado de cualquier ruta terrestre que quiera evitar Rusia. Afganistán tiene frontera practicable con China, aunque más compleja que otros pasos. Sin embargo, Pakistán está presente en la zona de Cachemira (rivales ambos de India) y es la ruta más corta hacia el Índico (a ese lado de India, por tanto, sin contar Myanmar). Así que Irán es imprescindible como paso, pero también ofrece (puerto de Chahbahar) una alternativa a Gwadar (Pakistán) dentro del llamado “Collar de Perlas” o “Ruta de la Porcelana”. [5] Entre los diversos artículos recientes sobre el tema, un resumen de los posibles términos del acuerdo se puede consultar en Fassihi, F., & Myers, S. (2020, July 11). Defying U.S., China and Iran Near Trade and Military Partnership. The New York Times. Disponible en https://www.nytimes.com/2020/07/11/world/asia/china-iran-trade-military-deal.html [6] En particular abogaba por el llamado Cross-Border Interbank Payment System (CIPS) en lugar del habitual sistema SWIFT, a pesar de que es probable que actualmente no sea capaz de manejar el volumen de transacciones ni disponga de los mecanismos necesarios. A este respecto la tecnología blockchain que China desarrolla para transacciones financieras internacionales podría ser una parte de la solución. [7] Para el lector curioso, una visión persa de su relación con China, India y Occidente se puede encontrar en el libro “La Creación” de Gore Vidal. [8] Hay dos acuerdos sucesivos: Guslistán, en 1813, y Turkmenchay, en 1828, por los que se cedieron Dagestán y lo que hoy son Georgia, Armenia y Azerbaiyán.


Claudio Feijóo

Delegado de la UPM para Asia en Shanghái


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