Unión Europea y China frente a frente: rivalidad, competencia, o cooperación, artículo de Marcelo Mu

Artículo de Marcelo Muñoz publicado en Cátedra China.


Estamos en vísperas de las elecciones europeas. La palabra Europa apenas se ha pronunciado en toda la campaña de las elecciones generales, pero, tendrá que ser muy repetida, esperamos, en la inminente campaña europea; aunque no sea más que por lo que cada día más nos afecta Europa en la vida cotidiana y por lo que condiciona toda la política, desde la nacional a la municipal hasta la política exterior, que hoy tiene que afrontar la globalización y a la ausencia de una gobernanza que la lidere, para lo que será imprescindible un buen entendimiento con Estados Unidos y, cada día más, con China.


En los últimos meses se han producido encuentros de primer nivel entre la Unión Europea, como potencia mundial de primer orden y China, segunda potencia mundial en PIB. Se iniciaron los encuentros en noviembre pasado con la visita del Presidente Xi Jinping a España y Portugal; con escasa repercusión política y comercial para España, siendo España para China “uno de sus mejores amigos en Europa” , según el Presidente Xi, que quiso que su primera visita a un país europeo en su segundo mandato fuera a España; sin embargo, ésta no aceptó adherirse al proyecto chino de la Nueva Ruta dela Seda, como proponía China; mejor resultado tuvo la visita a Portugal que sí se adhirió a ese proyecto.


Siguieron en marzo las visitas del Ministro de Exteriores chino a Europa, la del Presidente chino a Italia, Francia y Mónaco y la del Primer Ministro Li Kejiang, para participar en la Cumbre periódica China-Unión Europea. Todos estos contactos han puesto de relieve el especial interés de las relaciones China-Unión Europea en un momento clave para una globalización contestada por la Administración Trump, y la urgencia de un reajuste global en este “cambio de era y era de cambio”, que tropieza con problemas tan graves, como la desigualdad, el nacionalismo extremo, y el unilateralismo, junto a la necesidad de responder conjuntamente a los grandes retos globales, como el Cambio Climático, la nueva revolución tecnológica y su impactos en las comunicaciones, la seguridad, la democracia y la libertad de expresión. Estos contactos, especialmente la Cumbre Unión Europea China se ha hecho eco de todo ello.


“Quizá hemos pecado de ingenuidad” en nuestra relación con China, dice el Presidente Macron, durante la visita del Presidente chino a Francia y varios países europeos en marzo pasado, y lo afirma en la mini cumbre convocada por él mismo con el Presidente Chino, el Presidente del Consejo Europea y la Canciller Merkel; “ingenuidad” que no explica si ha sido por falta de información o incredulidad frente a la emergencia de China a toda máquina, que dejaba de ser “la fábrica del mundo”, para que empezar a convertirse en el laboratorio del mundo, que gradúa cada año a millones de técnicos y científicos e invierte en I+D+i más que la UE en relación con el PIB, que destaca en inteligencia artificial (IA), en robótica y en informática; o si la “ingenuidad” se ha debido al exceso de confianza en China. En todo caso, según Macron, quizá esa “ingenuidad” nos ha llevado a un “error estratégico” en la consideración de China, con las consecuencias que a analizamos a continuación. Sin embargo, se defiende, al mismo tiempo en ese encuentro, el multilateralismo y la posible confluencia de China y Europa para reforzarlo. Junker, por su parte, reconoce que existe “asimetría y falta de reciprocidad”, y afirma que el debate con China es más sencillo que el del Brexit, porque China no sólo no se va, sino que está abierta a una estrecha colaboración con Europa, como potencia clave hacia la gobernanza global.


Nos encontramos, de hecho, en un momento clave de un mundo dominado por Estados Unidos y China, y una Europa que es la tercera voz en ese mundo, según apunta el documento "EU-China: A strategic outlook" (12-03-19), elaborado conjuntamente por el Parlamento, la Comisión y el Consejo europeos y que ha servido de base para la Cumbre periódica Unión Europea-China, celebrada a primeros de abril. China y la UE, afirma el documento, están avocadas a la cooperación, pero China es, además de socio, un fuerte competidor, y un rival sistémico por su rechazo a la democracia liberal. Una mala traducción o una interpretación errónea del término rival sistémico, ha llevado a que algunos Medios lo interpreten como rivalidad total; pero, afortunadamente, la UE habla reiteradamente de competencia, sí, pero, sobre todo, de cooperación y de las medidas y ámbitos en que se puede y debe para profundizar; por rivalidad sistémica entiende sólo la diferencia insalvable de dos sistemas políticos claramente diferenciados y contrapuestos: la democracia liberal europea y la meritocracia china: “a systemic rival promoting alternative models of governance”


La competencia se manifiesta deforma aguda en el avance tecnológico de China, que ya supera a Europa en diferentes renglones, con los riesgos, apunta la Unión Europea, de excesivo poder en los sistemas de comunicación, con dudas sobre su proyecto global de conectividad OBOR o nueva Ruta dela Seda, y con recelo sobre sus inversiones multimillonarias en el exterior en sectores estratégicos.


La competencia de China en los avances tecnológicos es muy clara: los europeos nos encontramos con que China está en primera línea de la comunicación 5G, de la robótica, y de la informática cuántica; es el segundo en Inteligencia Artificial tras EE.UU, construye su propia estación espacial… Todo ello sitúa a China, como también señala el documento, en riesgo de un poder digital excesivo, con escasa transparencia frente a posibles ataques cibernéticos, insuficiente libertad de expresión en las redes y claridad en su regulación, así como con escasa beligerancia frente a las fake news; y, por otra parte, con clara ventaja en la recepción de tecnología y graves dudas sobre el libre acceso al mercado chino y el respeto a la propiedad intelectual.


Junto a esa competencia insiste el documento que China se posiciona, en coincidencia con Europa, a favor del multilateralismo y de una globalización manifiestamente mejorable, aunque mantenga su autonomía para crear o apoyar instituciones multilaterales diferentes, con peso específico suyo, como la Organización de Cooperación de Shanghai, y el Acuerdo China-Asean que agrupa a países que suman, cada una, 2.500-3.500 millones de personas, o como el Foro de Cooperación China-Africa con todos los países africanos en los que vuelca sus inversiones multimillonarias, o, ya dentro de Europa, el grupo 16+1 que forman China con 16 países europeos del Este, 11 de ellos miembros de la UE.


Dentro de estas relaciones internacionales e instituciones multilaterales promovidas por China, destaca el Proyecto Nueva Ruta dela Seda, que China inicia en 2013, para concluir, en visión de largo plazo en 2049, para el que ha encontrado apoyo en Europa además del grupo 16+1, en Italia, Portugal y Grecia, y en otros 90 países, de momento. Mirado desde Europa, este Proyecto es otra fuente de competencia, pues China se posiciona con gran ventaja en él, a pesar de que el banco de la Nueva Ruta de la Seda cuente con participación accionarial de buena parte de países de la UE, incluida España.

Todas estas aristas competitivas se agudizan porque China es el primer socio comercial de más de 140 países, el primero o segundo socio comercial de EE-UU., Japón…, y el segundo mayor inversor en el exterior con posibilidad de invadir sectores estratégicos de la industria europea. En cuanto a las relaciones comerciales la Unión Europea con China, es su segundo mayor socio comercial y la Unión Europea es el primer socio comercial de China; el volumen de intercambios comerciales entre ambos equivale a más de 1.000 millones de eu por día (datos también recogidos en el documento). Es mas, China y la UE están comprometidos en una alianza estratégica, según la “EU-China 2020 Strategic Agenda for Cooperation”. Más allá y por encima de la competencia, la cooperación es evidente y múltiple.


Pero la Unión Europea reclama mayor reciprocidad en cuanto acceso al mercado y frente al proteccionismo, en relación con la inversión en sectores estratégicos, en la conectividad Asia-Europa; y reclama también una más estrecha colaboración para el desarrollo global sostenible, en la participación en el G-20 o para la reforma de la Organización Mundial de Comercio, y mayor cooperación para la ciber seguridad global. Dicho de otro modo, la UE reclama a China mayor atención a las responsabilidades comunes o globales.


Es evidente que China acepta el orden mundial establecido por Occidente tras la Segunda Guerra Mundial y refrendado en el Consenso de Washington, pero aspira a una mayor participación y más proporcionada a su peso actual en el mundo, en órganos decisorios como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional etc. Y, mientras tanto, no renuncia a promover otras instituciones multilaterales, como ya hemos apuntado. Aquí también hay una fuente de fricción y desentendimiento a tener en cuenta y solventar.


Pero todas estas reclamaciones europeas no reflejan rivalidad, en absoluto, aunque sí, todavía, mucho recelo, al mismo tiempo que se acepta la competencia y se insiste en la necesidad de cooperación en las “responsabilidades globales”. Quizá la palabra más repetida, enfatizada y explicada a lo largo de este largo documento es la palabra cooperación en diversas formas. Desde luego, muy lejos ya de la ingenuidad que enunciaba Macron, conscientes ambas partes de que China y Europa, cuanto más pasen del recelo y la confrontación a la cooperación, mejor contribuirán, a medio-largo plazo, a ser dos potencias imprescindibles para liderar el proceso hacia la gobernanza global. Puede haber una gran confluencia entre ambas, en cuanto Europa se ha levantado sobre unos valores éticos y políticos, anclados en su filosofía de la Ilustración y China emerge anclada en los principio filosóficos del confucianismo con muchas proximidades éticas y políticas, más allá de las grandes diferencias que las separan. Pero hará falta mucho diálogo para ello.


Aunque no disponemos de un documento equivalente por parte china para conocer su evaluación de esta Cumbre, todos los comentarios aparecidos en sus Medios, concretamente en la revista diaria “Global Times”, apuntan a que ese diálogo está abierto. “Existe una clara determinación en las dos partes para unirse y colaborar frente a las amenazas al multilateralismo.... en un esfuerzo conjunto... Es normal que haya disputas entre países, que haya desacuerdos entre China y la Unión europea. Nuestras disputas se solventan adecuadamente mediante las negociaciones y el diálogo. Ambas partes han reafirmado su voluntad de construir unas relaciones basadas en la no-discriminación, la competencia leal y la transparencia, como base para el beneficio mutuo” (GT, 11-04-2019).


Esta Cumbre, por la coyuntura global en que se realiza, ha sido una ocasión óptima para que Europa haya podido defender su autonomía, su identidad política y sus valores, su voluntad inequívoca de reclamar y establecer regulaciones al comercio, las redes, las inversiones, la reciprocidad, y su voluntad de dar un nuevo ímpetu a sus relaciones con China, como base hacia la gobernanza global. Y también un ocasión para que China haya defendido sus puntos de vistas, con una clara disposición a la cooperación y el entendimiento.


El tiempo dirá el resto.


Marcelo Muñoz, Presidente de Cátedra China

Decano de los empresarios españoles en China


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