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Nunca digas nunca

Actualizado: 16 ene

La última novela de Ken Follett plantea lo implanteable


Por Julio Ceballos*

Artículo publicado el 19/04/2023




Acabo de leer el último libro de Ken Follett, cuyo título es “Nunca”. De este autor británico de bestsellers, yo sólo había leído “Los pilares de la tierra”, un clásico de la literatura contemporánea que, cuando leí hace 30 años, me entusiasmó. Quise leer “Nunca” porque, pese a ser una novela, teje una trama ficticia que se desarrolla en el mundo actual y plantea lo “implanteable”: un conflicto armado entre China y EE.UU., las dos grandes superpotencias. El libro es entretenido pero, al cabo de varias docenas de páginas, comprendí que, de no tratar un tema de máximo interés para mí, probablemente no hubiese seguido leyéndolo. La narrativa es muy pobre, una cuarta parte de las páginas del libro no añaden nada a la trama, sus personajes son simplones, se relacionan de manera previsible y el enfoque que Follett hace de cuestiones muy complejas raya, a menudo, lo infantil. En fin, un libro literariamente flojo.

Sin embargo, merece la pena leerlo hasta el final. A esta novela le falta profundidad pero, precisamente, en la simpleza de su planteamiento radica su plausibilidad: personas con responsabilidades globales, cuyas decisiones afectan irreversiblemente a cientos de millones de seres humanos, intentando evitar la guerra, se ven enredadas en una telaraña que las aboca al conflicto bélico. Esa es la idea potente que late en el argumento de la novela “Nunca”: en un sistema de alianzas militares y bloques geopolíticos enfrentados un remoto acto de agresión desencadena un efecto dominó sin retorno y de consecuencias imprevisibles. No estoy desentrañando nada de la novela ni voy a hacer aquí spoiler alguno. Follett ha titulado los 5 capítulos de su libro con el nombre de los protocolos DEFCON que conducen a la guerra nuclear. De eso trata el libro, de una escalada nuclear. Una cuenta atrás. El propio autor desgrana en el preámbulo que, estudiando cómo se había desencadenado la Primera Guerra Mundial, fue como se le ocurrió escribir “Nunca”. ¿Podría volver a suceder algo así?

A través de una ficción, precisamente, Follett logra colocarnos en escenarios ficticios, pero posibles. Esta novela logra encarnar esa advertencia. También que, mientras se lee cómo los acontecimientos del libro toman una perversa dinámica propia, un profundo desasosiego le va subiendo al lector por la espina dorsal hasta convertirse en ansiedad. No, tristemente lo que propone Follett no es descabellado. Durante las últimas décadas del siglo XX, las potencias del mundo lograron aunar esfuerzos para reducir sus arsenales nucleares y rebajar (un poco al menos) la amenaza de hecatombe nuclear que había latido a lo largo de toda la guerra fría. Ahora, en cambio, el mundo se mueve, de nuevo, en dirección al rearme nuclear, la escalada militar, las políticas de contención e intimidación mutua. Nuevos bloques y alianzas militares (como esos que en la novela “Nunca” parecen empujar a las potencias a enfrentarse en una guerra innecesaria) se están constituyendo. Mientras, el populismo, el ultranacionalismo y el fascismo ganan votos en las urnas. No es ficción, está sucediendo aquí y ahora. Los acontecimientos que desarrolla Follett en su libro son inventados pero el contexto de partida es bien real. Lo que debería preocuparnos es, precisamente, estar quizás sorprendentemente cerca de lo imaginado por Follett.

Por otro lado, resulta curioso que, apenas unos meses tras la publicación del libro, sea Rusia (el país que dispone del mayor arsenal nuclear planetario y que no tiene protagonismo alguno en el libro) quien ha vuelto a activar la amenaza nuclear. Además, me parece interesante -y bastante creíble- el papel que juegan en el libro la inteligencia y los servicios secretos de los países, como herramientas para gestionar la crisis. También, cómo en las decisiones de los líderes mundiales, pese a los sistemas de contrapeso o los asesores que las respaldan, parecen jugar un papel clave sus propios egos, emociones muy básicas y, en fin, mecanismos elementales de comportamiento: lo que es defensivo (y legítimo para unos) es agresivo (e ilegítimo) para quien está enfrente y se siente atacado.

El libro, en mi opinión, no deja a China en peor lugar que a EE.UU. y ese, creo, es un pequeño logro de esta novela: describe situaciones relativamente verosímiles y sin excesivo sesgo ideológico occidental. “Nunca” retrata un mundo peligroso, nada más. Sin malos ni buenos, tampoco héroes ni heroínas, sencillamente lleno de peligrosísimas rivalidades. No obstante, no deben pensar lo mismo en Pekín pues, a diferencia del resto de novelas de Follett, “Nunca” no se va a publicar en China. Cierro con el proverbio chino que abre esta misma novela: “Dos tigres no pueden vivir en la misma montaña”. Crucemos los dedos y toquemos madera.



*Nota: Las ideas contenidas en las publicaciones de Cátedra China o de terceros son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento de esta Asociación.

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