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Mi primera vez en China

Por Sandra Ramos Martínez*


Publicado el 22/09/2023


Artículo de opinión


Cuando uno decide viajar a China, viaja con unas altas expectativas, pero también, asumiendo la gran experiencia en la que se adentra por todas las diferencias socioculturales. Dicen que, para conocer realmente China, es necesario visitarla y observar la realidad con nuestros propios ojos. Eso es lo que hice e inevitablemente, la realidad que viví superó todas mis expectativas.


Muralla antigua de Xi’an. Fuente: autora.


Dicen que viajar es la única experiencia que compramos y que nos hace más ricos. En mi vida, he tenido la suerte de querer explorar diferentes culturas y países que han sido espectaculares, pero mi primera vez visitando China ha sido indudablemente, una experiencia que ha dejado en mí una huella imborrable. La calidad de vida, el desarrollo, la convivencia cultural y de religiones, así como las diferencias sociales y culturales oriente-occidente han cambiado por completo las expectativas que llevaba conmigo al inicio del viaje. Considero que esta experiencia se ha convertido en una totalmente diferente. Me atrevo a decir que ha sido ‘’el viaje de mi vida’’.


China, un Mundo de Mil Diferencias


Antes de emprender mi viaje a China había oído innumerables historias sobre personas que ya habían tenido la oportunidad de viajar allí, y me animaban a hacerlo lo antes posible. Entre las historias más comunes, había escuchado cómo existe una barrera de lenguaje bastante real y difícil de superar. Me decían que si no sabía chino, fuese preparada al viaje con un buen traductor, porque el inglés (y el español) no suelen ser comunes allí. Lo mismo ocurre con las redes sociales occidentales (WhatsApp vs WeChat y Google Maps vs Baidu). También había escuchado personas maravillarse con el gran tamaño de los espacios públicos y privados, las mesas redondas (con capacidad de más de veinte comensales), pero, sobre todo, lo más repetido siempre ha sido lo diferente que es China a lo conocido generalmente por nosotros, los occidentales.


Mesa redonda en un restaurante en Xi’an. Fuente: autora.


Por ejemplo, cuando viajas a Nueva York, uno siempre se asombra de cómo todas las calles y edificios le son ‘’familiares’’, como si ya hubieras estado en esta gran ciudad en otra vida (aunque esto se debe a nuestra familiarización con series y películas estadounidenses). Pero, sin embargo, o al menos, en mi propia experiencia, creo que esto es algo que yo no he vivido al llegar por primera vez a China.

Durante mi estancia en las ciudades de Xi’an, Dunhuang y Pekín, nunca he sentido esa sensación de ‘’familiaridad’’, pues para mí, la impresión era como encontrarme en otro mundo. De hecho, cuando visité la Ciudad Prohibida o los famosos Guerreros de Terracota, todas las imágenes que había visto sobre estas populares atracciones superaron mis concepciones previas, y esto, curiosamente, solo me ha ocurrido en China.


Guerreros de Terracota en Xi’an. Fuente: autora.


Con esto pretendo decir: nada podría haberme preparado completamente para la realidad que encontraría allí. Desde el momento en el que estaba realizando el embarque en el vuelo directo de Madrid a Pekín con Air China, me di cuenta de que estaba a punto de embarcarme en un viaje que desafiaría mis expectativas, despertaría mi curiosidad (y rebajaría mis prejuicios occidentales) de maneras inimaginables.

Una de las primeras cosas que me llamó la atención a mi llegada fue la infraestructura tan masiva y moderna que caracteriza a las ciudades chinas. En mi caso, mi primer contacto con el país fue la histórica e importante ciudad de Xi’an, donde yo imaginaba ver una ciudad china como las que se suelen ver en las películas (con pagodas y edificios de tamaño normal), pero cuando llegué y observé los edificios residenciales que parecían rascacielos al estilo neoyorkino, me di cuenta de que, realmente, China está en constante movimiento hacia el futuro. Cada día, parecía que algo nuevo estaba surgiendo, como una nueva construcción alzándose en medio de la ciudad, lo que supone una evidencia palpable de que la innovación y el desarrollo es algo real en este país.


Edificios residenciales en Xi’an. Fuente: autora.


En cuanto a la planificación urbanística e infraestructuras de la ciudad, he de aplaudir cómo Xi’an ha sido capaz de construir una ciudad que combina la modernidad de los altos rascacielos con la majestuosidad de las pagodas y templos más tradicionales, lo que lo hace espectacular a la vista, como se puede apreciar en la siguiente fotografía:


Muralla antigua de Xi’an por dentro. Se aprecia la parte moderna de la ciudad, junto con los edificios tradicionales. Fuente: autora.



Diferencias Culturales: Un Choque de Dos Mundos


Otro aspecto muy destacable son las diferencias culturales entre China y España, que son innegables y profundas debido a cómo afrontamos el mundo los occidentales y los asiáticos. Estas diferencias se manifiestan en todos los aspectos de la vida cotidiana y, al mismo tiempo, enriquecen nuestra comprensión del mundo. La forma en que los chinos abordan la vida diaria y las relaciones sociales es notablemente diferente de lo que estaba acostumbrado en España.

En China, por ejemplo, la importancia de la armonía como concepto vital y el respeto a la jerarquía se manifiesta en todas las interacciones. La tradición y el respeto a los mayores son fundamentales en la sociedad china, lo que se refleja en su énfasis en la cortesía y el protocolo en las relaciones personales y profesionales. Estas experiencias me hicieron reflexionar sobre las diferencias en la cultura de trabajo y las dinámicas sociales en España, donde a menudo actuamos con informalidad y la horizontalidad. Sin embargo, a pesar de las diferencias socioculturales entre ambas partes, durante el viaje siempre nos hemos esforzado por interesarnos en cómo es la vida de cada uno, fascinándonos por cómo en algunos aspectos no coincidimos, mientras que, en otros, como la concepción de la familia y la amistad, nos parecemos más de lo que creemos.

Por otra parte, cómo no hablar de la comida tradicional china… La comida, como en muchas culturas, es una ventana a la identidad de China y, para los propios chinos, es una gran forma de agasajar a su invitado, al igual que los españoles cuando nos reunimos en una comida (y mucho más si nosotros la preparamos). Experimentar la diversidad culinaria fue un verdadero placer, aunque a veces desafiante, en mi caso, por el exceso de picante en todas las comidas que probaba.


Platos típicos de la cocina de Xi’an. Fuente: autora.


Los sabores, ingredientes y métodos de cocción eran muy diferentes de lo que estaba acostumbrada y, si es cierto que en España existen muchos restaurantes de comida china muy parecidos a los del propio país, la realidad es que existen muchos tipos de cocina, platos típicos y maneras de cocinar que, hasta que no vives en primera persona en el propio país, no eres consciente de cómo son realmente y lo diferentes que parecen a los platos que comemos en occidente.

Descubrir nuevos platos, desde el famoso pato laqueado de Pekín, pasando por el té (obligatorio en todas las comidas) hasta el pollo típico de Xi’an (que resultaba bastante impresionante por su presentación en la mesa) fue un auténtico asombro y todo un reto ya que, como se podrá ver en la siguiente fotografía, hay platos que se alejan mucho de lo que los occidentales solemos comer diariamente y causan mucho más que impresión:


Pollo asado típico con migas de pan por encima. Fuente: autora.



La Importancia de Viajar a China: Una experiencia obligatoria


Mi viaje a China me terminó de convencer de que no hay mejor manera de comprender un país y su cultura que experimentarlo en persona. Si bien las imágenes y los relatos pueden ofrecer una idea general, es la inmersión en la realidad cotidiana lo que realmente enriquece nuestro entendimiento y elimina nuestros prejuicios. China, con su rica historia, su rápido desarrollo y sus complejidades culturales, es un destino que debe ser experimentado obligatoriamente con nuestros propios ojos, al menos, una vez en la vida.


Lago de la Media Luna en Dunhuang. Fuente: autora.


Este viaje también me hizo reflexionar sobre la importancia de la apertura y la curiosidad en un mundo totalmente globalizado. En un momento en cada vez somos más conscientes de que las diferencias culturales y políticas contribuyen a crear divisiones, es esencial recordar que cada país tiene su propia historia y perspectiva. Por ello, viajar nos permite derribar barreras y construir puentes de entendimiento y empatía, conviviendo en armonía, que es un pensamiento filosófico que nosotros, los occidentales, considero, deberíamos incorporar en nuestro pensamiento.

Por ello, mi primer viaje a China ha sido una aventura de mil diferencias y encuentros culturales que ha dejado en mí un profundo respeto y admiración por este país. La curiosidad que me impulsó a emprender este viaje se convirtió en una pasión por comprender y apreciar las complejidades de China y su gente. Mi experiencia en China no solo enriqueció mi vida, sino que también me recordó la importancia de viajar y abrirnos al mundo para construir un futuro más comprensivo y solidario, especialmente, para la población más joven, puesto que somos el futuro.


Instagram: @soysandraramos



*Nota: Las ideas contenidas en las publicaciones de Cátedra China o de terceros son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento de esta Asociación.

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