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Made in China 2025

Por Christian Careaga*


Publicado el 8/1/2023


La singladura del programa “Made in China” se acerca a su primera década y si bien los avances previstos se han alcanzado satisfactoriamente, la ruta a seguir se ha visto modificada por los eventos ocurridos en los últimos años en el comercio internacional. A causa de los diversos conflictos comerciales entre la R.P. China y otras naciones, sobre todo con los EE.UU., se está produciendo una fuerte deslocalización de plantas manufactureras, tanto en Asia como en América. De esta confrontación podrían salir ganando naciones como India o México y en todo caso terceras naciones en vías de desarrollo. Mas, seamos positivos, podríamos salir ganando la gran mayoría de los habitantes de este planeta.  


Introducción

En las últimas tres décadas se consideraba que los productos manufacturados en la República Popular China no tenían los estándares suficientes para competir en los mercados occidentales, cuando eran valorados o evaluados en términos de riesgo y seguridad.

Tras la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC) el papel del Imperio Celeste empezó a cobrar una mayor relevancia mercantil, si bien siguieron siendo frecuentes los debates sobre la mala calidad de sus productos y su falta de adaptación a las reglas occidentales, por lo que sus artículos fueron frecuentemente rechazados en las aduanas o sancionados posteriormente. 

En mayo de 2015 el primer ministro Li Keqiang anunció el programa “Made in China 2025”, cuyo objetivo final se centraba en transformar el país en una potencia tecnológica, mediante el aumento de valor de los productos en las cadenas de suministros, de forma tal que el país abandonara la producción de bienes baratos de baja calidad tecnológica y se convirtiera en una potencia manufacturera en competencia directa con los EE.UU. Para 2025 el contenido nacional chino debía ascender al 70% del valor de sus productos considerados de alta tecnología.  



Made in China formuló -hace ahora casi una década- su futuro en tres etapas: Una primera hasta 2025, para alcanzar el nivel medio del poder manufacturero mundial. La segunda etapa duraría entre 2026 y 2035 y sería un periodo de consolidación y fortalecimiento de su industria en el camino hacia convertirse en una potencia económica. Comenzaría la tercera etapa en 2036 para acabar en 2045, pocos años antes de la celebración del centenario de la fundación de la R.P. China, cuando el Imperio del Centro se habría probablemente afianzado como un país líder manufacturero mundial.

Actualmente existe una Administración Estatal para la Regulación del Mercado de China. Para quienes deseen buscar información sobre empresas locales es conveniente consultar el Sistema Nacional de Publicidad de Información Crediticia de Empresas de China (wwwgsxt.gov.cn). Además, para quien se plantee comerciar con empresas chinas tiene a su alcance -de forma gratuita- el Manual de Verificación de la Empresa China 2022, el cual está traducido al inglés.

La investigación básica en el Imperio del Centro viene a representar actualmente el 6% del total del gasto de investigación y desarrollo. En menos de una década, el país ha escalado del puesto nº 34 al decimoprimero en el Índice Mundial de Innovación de 2022. Es bien conocido que el Imperio del Centro ha copado desde hace varios años el primer puesto en el registro de nuevas patentes, gracias en parte al auge en los conocimientos científicos adquiridos en sus empresas industriales.

Según el canal de noticias internacional CGTN, las inversiones chinas en investigación y desarrollo se doblaron en la última década, alcanzando la cifra de 390.000 millones de dólares en 2021. Esta cifra venía a representar el 2,4% del PIB nacional chino. El Gran Dragón es, por tanto, uno de los países que actualmente más invierte en I+D en términos porcentuales del PIB, así como en términos absolutos.


El programa Made in China 2025

Este programa -conocido mundialmente por su nombre en inglés- se centra en diez sectores prioritarios:




El programa es ambicioso, en cuanto pretende colocar a China en el podio del liderazgo tecnológico a escala planetaria. La autosuficiencia en la fabricación de componentes (hasta un 70% para 2025) va a resultar clave para el éxito del mismo. Los sectores prioritarios vienen a representar el 40% de la capacidad productiva nacional.

La gran banca y los subsidios estatales están impulsando el desarrollo de industrias tales como la automoción eléctrica, los móviles 6G, la robótica, los servicios de ingeniería o el hardware militar, por señalar algunos ejemplos, todo ello con aportaciones de productos de mayor valor añadido a precios muy competitivos. 

Indudablemente, con el apoyo recibido de los Planes Quinquenales, las empresas locales -grandes y pequeñas- se han lanzado a modernizar sus procesos de producción mediante la innovación tecnológica, así como a alentar el diseño de sus manufacturas y a mejorar sus procesos de ensamblaje.


Un modelo de desarrollo sostenible, evitando en lo posible riesgos ecológicos


Los Planes Quinquenales son una herramienta empleada para marcar las directrices encaminadas a alcanzar los objetivos de crecimiento económico a largo plazo. Pretenden modernizar la economía, incentivar la investigación y promover el desarrollo científico. En concreto, el decimocuarto, iniciado en 2020, plantea diversas estrategias de gran interés y apoya al programa “Made in China” en los tres campos siguientes:


  • Semiconductores

Una parte importante de la carrera tecnológica mundial se centra en el ámbito de los microchips, en donde el Imperio del Centro cuenta con pesos pesados como Huawei, Tsinghua Unigroup, SMIC y ZTE. Varios países, como Países Bajos, Corea del Sur, Taiwán, China y los EE.UU. están compitiendo por hacerse con una parte relevante del mercado internacional, dado que los circuitos integrados electrónicos son fundamentales en todas las industrias estratégicas a escala mundial. En este sentido, en los llamados países occidentales (incluidos los avanzados del este asiático) se han aplicado diversas medidas comerciales con el fin de debilitar la fuerte competencia proveniente del Imperio de Medio.

Con el fin de impedir que China pueda adelantar a otras naciones tecnológicamente o para simplemente preservar los intereses empresariales propios, así como los mercados de la UE o de los EE.UU., se ha prohibido en occidente la adquisición de ciertas tecnologías avanzadas mediante la compra de empresas locales o bien limitado el acceso extranjero a los mercados propios mediante la denegación de las autorizaciones para realizar inversiones extranjeras en empresas de tecnología punta.

Como resultado del cambio de las reglas industriales por los gobiernos, multinacionales como Apple (EE.UU.) y Foxconn (Taiwán) se encuentran ante serios aprietos y retos para poder lanzar su iPhone 15, quienes paradójicamente tienen plantas de producción en la República Popular China.


  • Inteligencia Artificial

La carrera por dominar las tecnologías punta mediante máquinas, procesadores y softwares, que permitan realizar tareas de procesamiento y análisis de datos ha llevado a empresas chinas a acercarse a los centros de investigación norteamericanos, con el ánimo de aprender, adquirir o participar en empresas estadounidenses con el fin de acelerar y reforzar sus propios centros de investigación y desarrollo en la República Popular. Tanto en Silicon Valley como en otros centros punteros de investigación y desarrollo se ha mirado con recelo la labor y actitudes desplegadas por los chinos, particularmente en los últimos diez años. Desde el FBI y el CFIUS (institución para el control inversiones extranjeras en los EE.UU.) se vigila con firmeza los movimientos y conexiones de los empresarios y científicos chinos, pues temen que éstos se apoderen de las investigaciones, de la propiedad industrial, así como de las diversas invenciones que tantos años y recursos han necesitado las empresas occidentales para hacer florecer sus productos.   


  • Automatización y robótica

Estamos inmersos en una revolución de la robótica. La digitalización de las ingenierías mecánica y electrónica, así como de la computación va a permitir que el Imperio del Medio se transforme definitivamente -entre 2025 y 2035- en una potencia tecnológica muy competitiva a escala mundial en la automatización de los procesos de fabricación.



Está meridianamente claro que en los próximos años la tendencia de las empresas manufactureras será la de seguir remplazando trabajadores por máquinas.


En estos momentos, China ya es el líder en la compra de robots industriales a nivel mundial, los cuales se usan en varias industrias (electrónicas, automotrices, telecomunicación…). Las máquinas trabajan a tres turnos sin descanso y han experimentado un aumento de un 250% en la productividad respecto al trabajador humano. La tasa de productos defectuosos disminuyó con los robots del 25% al 5%. Cada vez las máquinas manufacturan productos mejores, las cuales podrían un día reemplazar al 90% de los empleados de las fábricas.


Riesgos y oportunidades

Los éxitos del programa “Made in China 2025” de la R.P. de China están causando recelos en los países occidentales y hemos visto en los últimos años una batería de medidas proteccionistas para evitar competir directamente con el gigante asiático, que van desde la llamada defensa de la seguridad del Estado, pasando por las prohibiciones a la exportación de alta tecnología, hasta el empleo de los medios de comunicación y de servicios policiales especializados para alertar a empresas incautas sobre posibles delitos contra la propiedad industrial que pudieran ser ilegales y cometidos por empresarios o espías extranjeros.


El programa “Made in China 2025”, junto con el de la “Ruta de la Seda”, representan una clara e inminente amenaza para occidente, fundamentalmente en el desarrollo de la digitalización y de la robótica. Si bien los EE.UU. y Alemania tienen programas industriales similares de largo plazo (de unos diez años), hasta ahora no se habían encontrado en su carrera con un competidor tan formidable como China por el dominio industrial de los canales de suministro y de los mercados

A pesar de que se estaban cumpliendo satisfactoriamente los hitos para alcanzar las metas previstas para el actual periodo inicial (2015-2025), desde Pekín se efectuó en 2021 la revisión del programa con el fin de ajustar la hoja de ruta técnica y la consideración de nuevos proyectos piloto.


Ello no quita que el gobierno chino insista en:

o   Fortalecer las industrias existentes

o   Manufacturar equipos de alta gama

o   Crear centros de innovación de inteligencia

o   Incrementar el equipamiento eléctrico en diez sectores


Desde la Reforma y Apertura iniciada por Deng Xiaoping a finales de 1978, China recibió ingentes inversiones de capitales y tecnologías extranjeras, pero en estos momentos el programa “Made in China” está navegando en otra dirección, debido al cambio del viento: de acoger prácticamente a todas las empresas multinacionales del mundo en su territorio a finales del siglo pasado, a invertir gradualmente cada vez más en el resto del mundo. No solamente por los sensibles aumentos de los costes de la mano de obra en China, sino también por la mayor eficiencia de su sector empresarial y a causa de las medidas comerciales proteccionistas adoptadas por diversos países avanzados. Ahora -por diversas razones- las grandes multinacionales del Gran Dragón han comenzado a invertir directamente en Birmania, Vietnam, Indonesia, India, Camboya, México y en África. De esta forma, sus productos llegarán a los mercados occidentales proteccionistas etiquetados como procedentes de otros países. Este cambio de estrategia en la producción manufacturera está causando una importante deslocalización de empresas y plantas industriales chinas a terceros países y seguramente se fomentará la creación de nuevas empresas manufactureras más competitivas y orientadas a servir nuevos mercados.

La actual carrera tecnológica se sitúa en medio de una contienda comercial sin precedentes y a causa de la misma -desatada con mayor virulencia en los últimos cuatro años durante el período del COVID y de la presidencia de Donald Trump- las sociedades empresariales chinas están procurando emplear cada vez menos el nombre de “Made in China 2025”.

Ante semejante determinación y excelente capacidad de planificación, no es de extrañar que occidente se sienta en desventaja ante la competencia proveniente de China. De ahí que durante el mandato del presidente Donald Trump se recortaran -cuando no las prohibieran- las inversiones del Imperio Celeste en los EE.UU. o que EE.UU. incrementara los aranceles a los productos importados ante la supremacía tecnológica y comercial china; lo cual no impide que en las negociaciones sobre las normas y estándares internacionales vaya a ser China quien poco a poco vaya ocupando puestos más relevantes en las organizaciones internacionales encargadas de sentar las bases, las reglas y los procedimientos del comercio internacional a escala mundial. 

Es fundamentalmente la nación norteamericana quien acusa a su rival asiático de no cumplir las reglas sobre el respeto a la propiedad industrial, así como de sustraer los conocimientos científicos y tecnológicos norteamericanos asociados a la investigación y desarrollo de nuevos productos, procesos o materiales Por estas razones, el Comité de Inversiones extranjeras de los EE.UU. (CFIUS) regula y entorpece en lo posible la actividad china orientada a que sus empresas adquieran productos de alta tecnología o que las firmas norteamericanas de alto valor puedan ser adquiridas total o parcialmente por multinacionales chinas.


Perspectivas

Todos los líderes chinos, desde Deng Xiaoping, pasando por Jiang Zemin y Hu Jintao, hasta llegar a Xi Jinping, han apoyado con determinación las reformas e innovaciones industriales chinas, las empresas más prometedoras y las tareas más necesarias para situar a sus firmas industriales en lo más alto posible de las cadenas de valor de la producción industrial.  

No cabe la menor duda de que el país está bien asentado en la economía mundial y de que dispone de abundantes recursos humanos capacitados para llevar a cabo el programa de largo plazo que colocará a la R. P. de China como principal socio comercial, tanto entre los países desarrollados como entre los países en vías de desarrollo.



China, pieza clave en las cadenas de suministro mundiales


Un último elemento a tener en cuenta es el de la esperada evolución demográfica en China. Se estima que para el año 2.100 el número de habitantes del país se situará por debajo de los 800 millones. En ese momento, podrían existir 90 millones menos de puestos de trabajo que ahora, hecho crucial para valorar la necesidad de esta revolución industrial del siglo XXI, cuyo efecto irá más allá de las fronteras de los países industriales. 

La política industrial de la República Popular China promoverá también el avance de las tecnologías verdes y una ecologización de la economía, como se está ya apreciando en las mejoras urbanísticas de sus ciudades e incluso en las amplias zonas desérticas de su territorio interior.  


Conclusión

El impulso tecnológico promovido desde China va a situar a esta nación a la cabeza del mundo industrializado. ¿Estamos preparados para percibir y disfrutar de los avances tecnológicos que vendrán del este asiático, fundamentalmente del antiguamente llamado Celeste Imperio?

El concepto de autosuficiencia es crucial para que la República Popular China sea capaz de sortear con éxito las barreras comerciales a las que se está enfrentando en la actualidad.

Las inversiones en innovación tecnológica supondrán aumentos en la productividad, mejoras en la calidad de los productos y el desarrollo de nuevas profesiones asociadas a los futuros procesos, productos y tecnologías que se vislumbran en el horizonte.

La extrema vigilancia de ciudadanos chinos y de asiáticos en general en los EE.UU. dará probablemente paso a una emigración de estas personas de gran conocimiento científico hacia su tierra natal.

A pesar del enfrentamiento en casi todos los planos (industrial, político, militar, cultural) entre las dos principales potencias mundiales, esperemos que con el paso del tiempo se imponga la prudencia y el sentido común, pues el comercio pacífico es infinitamente mejor que mantenerse en perpetuo conflicto.

El superávit comercial chino con el resto del mundo en 2022 se elevó a 876.910 millones de euros, lo cual sitúa al Gran Dragón como primordial país exportador del mundo y lo convierte en el primer socio comercial de más de 50 naciones y socio principal de otros 120 países. 

¿Qué podemos hacer en occidente para modernizar nuestras industrias? En principio debiéramos corregir esa pérdida de competitividad tecnológica y comercial, que está llevando a la Unión Europea y a los EE.UU. a perder muchos mercados y a quedarnos rezagados. También debiéramos reflexionar sobre nuestro fracaso político e industrial, además de sobre nuestra ineficaz burocracia. 



El escritor austrohúngaro Franz Kafka nos avisó hace un siglo de los males que nos acechan en “El Castillo”

 

La capacidad innovadora de China va a situar al Imperio del Centro en donde casi siempre estuvo a lo largo de los dos últimos milenios: en el trono de la hegemonía mundial.



*Nota: Las ideas contenidas en las publicaciones de Cátedra China o de terceros son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento de esta Asociación.

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