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HOMENAJE AL PROFESOR DONG YANSHENG

Por Dra. Huiling LUO (罗慧玲), profesora de la Universidad Complutense de Madrid

Publicado el 21/03/2024





Se dice que la importancia de uno se nota por su ausencia. Si hay una persona que tiene el carisma de reunir a los dos círculos: los hispanistas chinos y los sinólogos hispanohablantes, será el profesor Dong Yansheng. La noticia repentina de su fallecimiento el día 2 de enero de 2024 entristecía el ambiente del año nuevo, en seguida los actos de homenaje tuvieron lugar en todo el mundo. Para el caso de Instituto Cervantes, primero en su seda en Pekín; un mes después, en Madrid.

El 7 de marzo de 2024 nos fue un día memorable. Y para mí, particularmente significativo, por recordar sentidamente al profesor Dong Yansheng en el Instituto Cervantes, dirigido por Sr. Luis García Montero. Por este motivo, pude sentarme junto con las autoridades más veteranas: el embajador chino en España, Sr. Yao Jing; exembajador de España en China, Sr. Rafael Dezcallar; ministro de Cultura español, Sr. Ernest Urtasum; director general de Casa Asia, Sr. Javier Parrondo; así como el prestigioso escritor peruano Juan Morillo, y el periodista uruguayo Eduardo Delgado. También hay que sumar a otras dos figuras importantes que no podían estar con nosotros en persona, pero sus videos nos acompañaban: la profesora Taciana Fisac, e Isabel Cervera, directora del Instituto Cervantes en Pekín.

Desde el momento de saber que me invitaron a decir palabras de homenaje siendo discípula del profesor Dong Yansheng, mi sentimiento pasó dos semanas con mucha inquietud: una nostalgia hacia los tiempos de la vida universitaria y los primeros años que compartía con el profesor Dong. Muchísimas escenas, me revivían en la mente. Verdaderamente resulta difícil elegir sólo unas pocas palabras entre una cantidad infinita para definir al profesor Dong. Tal vez podría comenzar con esta afirmación rotunda: él era una leyenda. Incluso su llegada a este mundo ya fue legendaria, casi a modo de premonición de su singular vida: nació en Beijing, como muy bien expresó en su nombre –Yansheng-, y en el mismo año en que el ejército japonés invadió China y tuvo lugar el infausto incidente en el Puente de Marco Polo en las afueras de Beijing. Su vida fue legendaria, hasta el punto que nosotros, con sencillamente mencionar que éramos sus discípulos, ya nos suponía un motivo especial de honra. Su despedida también es legendaria; basta con ver que su figura y recuerdo es capaz de reunirnos desde distintos rincones del mundo, ya es una demostración perfecta de ello.

Era un orientador de excelencia. En la clase de Literatura española, nos sorprendieron su erudición y manejo lingüístico: era capaz de definir lo mismo con más de 20 adjetivos, cada uno más sofisticado que el anterior.

Era un artista ingenioso y de un gusto refinado. La primera vez que sentimos el verdadero atractivo de la cultura española fue cuando nos enseñó la canción Bésame mucho.

Era un modelo a seguir, tanto en el aula como en la vida cotidiana. Nos contagiaban su sonrisa, su optimismo, su actitud imparcial y su estilo de vida saludable. En las excursiones primaverales que organizaba nuestra Facultad de Filología Hispano-Lusa de la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing, los senderos aún conservan las huellas de los pasos que anduvimos juntos, aún se escuchan las risas que dejamos atrás cuando llamamos al profesor Dong “Quijote de la Montaña”, así como los aplausos que dimos cuando él ganó el campeonato de natación. Hasta ahora, todavía me quedan dos “asignaturas suspensas”: una es leer la obra entera de Don Quijote de la Mancha, y la otra, aprender a nadar.

Era un consejero ilustre. Recuerdo con todo agradecimiento que, cuando estaba indecisa sobre mi futuro y me inquietaba la aspiración de realizar el doctorado, fue precisamente el profesor Dong, en el restaurante al lado de su casa, quien me estimuló y apoyó la idea de venir a España; con sus palabras sabias, precisas e ilustrativas, me animaba: “Estudiar siempre es bueno; y, para volver a China, nunca te faltará la oportunidad.

Luego, efectivamente, vine a España a continuar mi vida académica y, posteriormente, la profesional. En 2017, cuando me enteré de que Cátedra China otorgaría el premio de honor al profesor Dong, me emocioné y aproveché esta visita relámpago suya a Madrid para verlo, y en la ceremonia nos hicimos la última fotografía juntos. En ese acto, el profesor Dong me preguntó: “Pero, ¿cuándo regresarás a China?” En su momento, no supe cómo contestarle … pero ahora, ya tengo la respuesta: “Profesor Dong, me he quedado en España, y es precisamente por el amor que compartimos, con China”. Nos ha sembrado una semilla en el corazón, por profundizar en el conocimiento en este mundo globalizado; nos ha dejado esta herencia, con el espíritu de estrechar la comprensión mutua entre China y el mundo hispánico; nos ha pasado esta antorcha, la llama radiante nos ilumina el camino de promover la comunicación cultural entre civilizaciones.

Cuando estaba diciendo mis palabras, desde el atril observaba los ojos aguados, percibía los mensajes que me transmitían desde el público que en ese momento compartía la misma emoción. También me pasaría algo parecido cuando escuchamos el recital poético que cerraría el acto: estas piezas bien elegidas por Pilar González España, grababan nuestro afecto profundo al profesor Dong, con lo cual, conmovían a todos nosotros, los afortunados por ser su gente cercana.

Sin duda alguna, una época ya finaliza. Tuvimos la suerte de convivir el tiempo con el profesor, mientras que los seguidores tendrán que estar en la “Era Post-Dong Yansheng”. He encontrado la metáfora más adecuada para este fenómeno, que es una frase de Jin Yong, el difundo escritor de novela de caballería china y que acababa de cumplir 100 años de nacimiento: “El maestro ya no aparece en este mundo, pero sus leyendas continúan.

Profesor Dong Yansheng, sigue con nosotros, está en nuestro corazón para siempre.

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