Estudia mientras vivas



El mayor recurso de que dispone China, y toda Asia, son sus recursos humanos. Asia es una auténtica mina de capital humano, donde el desempeño académico se fomenta y se premia. El informe PISA de la OCDE mide, cada tres años y en 79 países de todo el mundo, el nivel académico de alumnos de 15 años de edad en tres áreas educativas clave: matemáticas, lectura y ciencias. En su última edición (2018), China y los países asiáticos dominaron los puestos más altos del ranking. En este mismo informe, España obtuvo una nota media por debajo de la media mundial y la peor de cuantas ha obtenido nunca. Un estudiante español de 15 años tiene un nivel académico equivalente al de un niño chino de 12 años.


No sólo los asiáticos ocupan las posiciones de cabeza en todas las disciplinas evaluadas por PISA sino que, además, la puntuación lograda por ellos está un 15% por encima de la media mundial. Aunque, efectivamente, los resultados de China reflejados en el informe son los de las zonas más ricas del país, la excelencia académica china es intrínseca a su cultura y extrapolable allí donde estudian niños chinos. Los chinos no nacen con una especial predisposición genética a la brillantez intelectual, como no se puede echar mano del adn de los judíos para explicar su éxito empresarial. La explicación, en ambos casos, se encuentra en la cultura de ambos pueblos y el modo en que educan a sus jóvenes. Los alumnos españoles, ingleses o brasileños de padres asiáticos, rinden por encima de la media allí donde están escolarizados. Confucio tiene mucho que ver con todo ello.


Asia es un continente de empollones donde el éxito académico se entiende más como una cuestión de tesón y de constancia que de capacidad personal. Un niño chino estudia una media de 70 horas a la semana. En primer lugar, porque el sistema de enseñanza promueve el aprendizaje memorístico, pero, también, porque la competitividad es extrema. Una vez más, en China los números importan y generan una disparidad de oportunidades que azuza el sacrificio: ni siquiera con semejante esfuerzo el 40% de los estudiantes logra acceder a estudios universitarios. Por eso, lo normal, en China (y, en general, en toda Asia), es estudiar 10 horas al día, dar prioridad absoluta a la preparación de los exámenes o respetar – reverencialmente – a los profesores y maestros. Aquí, en China, a diferencia de Occidente, se valora la formación por encima de cualquier otro atributo. La excelencia académica es, en China, un asunto primordial para los padres y familiares del estudiante. Esto también alcanza al trato y posición social de que disfrutan los profesores chinos: el maestro sigue siendo una figura muy respetada, toda una autoridad moral en la trayectoria vital de los alumnos y, en fin, un modelo referencial y aspiracional. El gobierno chino ha logrado atraer mucho talento al profesorado, convirtiendo la profesión educativa en un trabajo bien remunerado y muy valorado socialmente.


No por casualidad son, también, los estudiantes chinos internacionales los que copan las mejores calificaciones en las universidades estadounidenses de la “Liga Ivy” (formada por las 8 mejores universidades de EE.UU.) donde, ya, la mayor proporción de investigadores, doctores y catedráticos, empieza a ser la de chinos. También eso explica que, en cualquier lugar del mundo, en las clases donde estudian niños chinos, estos destaquen siempre entre los mejores en todas las disciplinas que involucran matemáticas y ciencias. La fórmula del éxito académico chino es simple: por un lado, la cultura china concede, desde tiempo inmemorial, una importancia capital – casi obsesiva - a la educación y a un sistema de aprendizaje basado en la disciplina férrea. Además, los padres se involucran muy activamente en la formación de sus hijos, asumiendo el desempeño académico como un esfuerzo de toda la familia. De esta manera, la educación representa el mayor gasto singular de cada hogar chino, al que dedican hasta 10 veces más recursos que el promedio en los hogares occidentales. La formación académica sigue siendo en China el principal catalizador de oportunidades y los padres chinos la entienden como la mejor palanca de transformación del futuro de sus hijos.


“Estudia mientras vivas” es una de las frases más famosas del padre de la República Popular, Mao Zhedong. Uno de los grandes logros del líder revolucionario fue convertir al gigante asiático en uno de los primeros países en vías de desarrollo que logró la enseñanza universal gratuita. Hoy en día la escolarización alcanza al 99,99% de los niños chinos menores de 13 años.


China va para largo porque ha hecho de la educación una prioridad de su proyecto de Estado, apostando por el talento de su población como la inversión más importante en su futuro. ¿Qué prosperidad puede esperar a aquellos que no hacen del aprendizaje el eje de su estrategia de crecimiento?.



Julio Ceballos Rodríguez


Entradas destacadas