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¿ES CHINA UN PROOVEDOR DE SEGURIDAD?

Por Antonio Alonso Marcos

Publicado el 14/06/2024





Introducción

Hace 20 años se hablaba de “la emergencia de China”, pues todos los indicadores apuntaban a que el gigante asiático estaba emergiendo como un poder económico de primer nivel, lo que le valió ser incluida en el grupo de las economías más dinámicas y pujantes, los BRICS. Aunque oficialmente es considerado un país en vías de desarrollo, tal descripción no se ajusta ya a la realidad con unos 800 millones de personas rescatados de las garras de la pobreza y una buena cantidad de milmillonarios. Consciente de su mejora económica y de su papel en la actual y futura economía global –especialmente a través del proyecto “Una Franja, Una Ruta”— lleva aparejada la “obligación” de implicarse en garantizar la seguridad y promover la paz internacionales, la República Popular de China ha llevado adelante una serie de iniciativas que materializan dicha intención.

 

Hacia un nuevo orden mundial

El mundo posterior a la caída del sistema bipolar de bloques trajo consigo un periodo de globalización del que se han beneficiado, por supuesto, los países que ya estaban desarrollados, pero también facilitó el acceso a más recursos y a más alternativas a los países que estaban en vías de desarrollo. Si la década de los ’90 del siglo pasado fueron de preparación, el inicio del tercer milenio contempló el ascenso de las economías emergentes, entre ellas China.

Crisis tras crisis –económica, coronavirus, guerras varias—, el modelo del mundo unipolar hegemónico donde un solo país dominaba la globalización a través de ciertas instituciones, ha caducado. El mundo que se abre paso ante nuestros ojos es otro muy distinto. Y hay que decir que los propios países occidentales –los más beneficiados, a priori, de la globalización— han contribuido a su propio derrumbe.

El ejemplo más claro vendría de la mano de la guerra de Ucrania. En primer lugar, tenemos que las sanciones impuestas unilateralmente a Rusia no es que no hayan sido eficaces, sino que han sido más que perjudiciales. Sin duda, los resultados en Alemania de las elecciones al Parlamento Europeo son una prueba elocuente de ello: el auge de la Alternativa para Alemania (AfD) quizás sea una repsuesta positiva a la posición en contra de la guerra contra Rusia (por ser perjudicial apra sus intereses nacionales) de dicho partido, no tanto que de repente la ciudadanía se haya vuelto de “extrema derecha”. El hecho que, de repente, decenas de fábricas hayan cerrado y enviado al paro a miles de alemanes. Quizás tenga que ver con el alza monumental de los precios de la energía, que gracias al Nord Stream que traía gas de Rusia, antes eran más asequibles.

Y en segundo lugar, los países occidentales han mostrado su doble rasero en multitud de ocasiones y han contribuido a reducir a la ONU a organización inoperante e inútil. Antes, si estallaba un conflicto, se convocaba de urgencia al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y este emitía una resolución pidiendo el alto el fuego inmediato y llamando a las partes a buscar una solución pacífica, incluso ofreciéndose la organización a emprender todas las acciones pertinentes apra tal fin. Ahora, se impone un silencio absoluto, se ponen obstáculos apra que la ONU se pronuncie e intervenga, mientras por otro lado los países de la UE se ponen en marcha para ayudar a uno de los dos contendientes, evitando desescalar el conflicto o rebajar la tensión.

Las nuevas iniciativas chinas de paz

Otro elemento que nos habla del surgimiento de un nuevo orden internacional donde más actores toman la palabra es la cada vez más creciente presencia estadounidense en el entorno de China. Se supone que esta debe aceptar dicha presencia en sus cercanías, sin más. Sin embargo, esta no parece ser la opción elegida por los líderes chinos, sino que más bien se han manifestado abiertamente y sin ambages en contra de esta situación. EE.UU. lleva dos años –por lo menos— recriminándole a Rusia que no tiene por qué sentirse insegura porque Ucrania quiera entrar en la OTAN, con lo que eso implica de la posibilidad de hacer ejercicios militares conjuntos, ofrecerse como localización de dichos ejercicios, o recibir armamento de la Alianza Atlántica. Rusia no tiene por qué preocuparse, China tampoco, pero cuando Rusia acerca un submarino nuclear a Cuba y pasa a 54 Km de las costas de Florida, EE.UU. envía a seguirle de cerca a un barco guardacostas –el Stone—, tres destructores –el USS Truxtun, el USS Donald Cook y el USS Delbert D. Black—, así como un avión de patrulla marítima Boeing P-8.

La verdad es que desde que China propuso su proyecto de la Ruta de la Seda ha expandido su presencia económica en el mundo y, obviamente, eso conlleva una “obligación” de asumir mayores responsabilidades en el escenario global, especialmente en lo que concierne a la protección de la paz y la estabilidad. En efecto, el mundo espera que China sea un proveedor de seguridad y no una fuente de incertidumbres. Su constate incremento del gasto militar puede ser signo de que China se ha tomado esta responsabilidad en serio.

Muestra de ello es la propuesta de Doce Puntos que en febrero de este año ofreció como “Solución Política de la Crisis de Ucrania”. En dicha propuesta, China recuerda cuáles son los parámetros que se han usado para resolver conflictos en el mundo desde 1945 y llama a la comunidad internacional a ser coherentes y actuar en consecuencia, de manera que no se azuce el conflicto sino que se anime a sentarse a dialogar y negociar la paz.

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