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Emeishan 峨眉山 : macacos, budismo y escalones

Por Pablo González López

Publicado el 20/03/2024





La montaña Emei, o Emeishan, es un lugar que lleva maravillando al ser humano desde hace miles de años. A pesar de ser consciente de ello, no fui capaz de ver venir el profundo y multidimensional impacto que causó en mí. Patrimonio de la Humanidad desde 1996, la UNESCO subraya que en Emeishan “la importancia de la conexión entre lo tangible e intangible, lo natural y lo cultural, es superlativa”; pero, ¿qué la hace tan especial?

Ubicada en la provincia de Sichuan, a menos de dos horas en coche de Chengdú, la montaña alcanza los 3099m de altura. Su posición particular -entre los Himalayas y la Cuenca de Sichuan- la ha convertido en un paraíso natural hogar de 3240 especies distintas de plantas, de las cuales más de un centenar son endémicas, y alrededor de 2300 especies de animales, muchas de estas protegidas. La riqueza de su biodiversidad refleja la de su orografía. La parte más alta de Emeishan es absolutamente espectacular, con larguísimas paredes de roca de ángulos imposibles abrazadas por mares de nubes que desafían el horizonte. Precisamente en la cima fue donde se construyó el primer templo budista en China, hace cerca de dos mil años.

Los habitantes más famosos de Emeishan, a día de hoy, son sus macacos tibetanos. Son unas estrellas del Internet chino, especialmente en douyin (TikTok). Estos monos no tienen ningún miedo a los humanos, y nos tratan como dispensadores de comida. Han aprendido a descifrar todo tipo de envoltorio, a robar un móvil para luego intercambiarlo, a abrir mochilas… la lista continúa. Los vídeos de los monos, haciendo monerías de toda clase, acumulan cientos de miles de reacciones cada dos por tres. Emeishan es, para el ciudadano chino promedio, sinónimo de macacos tibetanos. La mayoría de ellos viven en las zonas menos transitadas, por eso cuando alguno aparecía por el camino todo el mundo corría hacia él con móvil en mano. Evidentemente, sobre Emeishan en douyin no son solo monos. Vídeos del paisaje, sobretodo grabados vía dron, te hace dudar que un sitio así realmente exista. Y sí, lo hace. Tuve mucha suerte de disfrutar de un cielo completamente azul.

Emeishan es una joya natural, pero además es una de las cuatro montañas sagradas del budismo chino. Estas montañas están asociadas cada una con un bodhisattva, seres muy avanzados en su camino y que estando preparados para alcanzar la liberación (nirvana), prometieron permanecer en este plano de realidad, con el sufrimiento que eso conlleva, hasta que todos los demás seres se liberen, ayudándolos en ese proceso. Salvando las distancias, cogiéndolo con pinzas y sólo para ayudar a nuestra comprensión, los bodhisattvas cumplen en el budismo un rol parecido a los santos en el catolicismo. Emeishan está asociada al bodhisattva Samantabhadra o Puxian 普贤, y desde el pie hasta el pico de la montaña se encuentran decenas de templos, algunos de ellos muy antiguos y de un valor arquitectónico y cultural altísimo. La tradicional práctica de ascender Emeishan como forma de peregrinaje sigue presente hoy en día. No obstante, a diferencia de Putuoshan, la única otra montaña sagrada del budismo chino que conozco bien, las manifestaciones externas de un peregrinaje fueron mucho menores: vi contadas personas con amuletos budistas o repitiendo el mantra de Puxian, casi ningún monje ascendiendo, y nadie realizando el típico “tres-pasos-una-alabanza” en homenaje a Puxian y nuestra propia capacidad de obrar como él. Esto ni mucho menos significa que se devalúe la dimensión budista de Emeishan.

Puxian es una figura muy popular, representado normalmente sobre uno o varios elefantes, y la elección de “virtuosidad o merecedor general/universal” como su nombre chino no es baladí. Samantabhadra está asociado con la buena práctica, en el sentido más amplio del término. Se podría decir que el budismo mahayana (rama del budismo a la que pertenece el budismo chino) invita a todas las personas a convertirse en bodhisattvas; y en ese camino las diez prácticas/votos que Puxian legó han tenido una enorme influencia. Quizás las más importantes son las dos últimas: servir a todos los seres sintientes, y transferir todo el mérito de tus acciones hacia la liberación de todos ellos. En otras palabras, renunciar a ti mismo para desear y obrar el bien para todos los seres. No hace falta ser budista, yo tampoco lo soy, para querer comprender y apreciar la integridad humana que Puxian representa y te anima a emular.

El gobierno chino otorgó a Emeishan la calificación formal de Área Escénica 景区 de 5As en 1982. Sus esfuerzos de conservación son notables, manchados quizás por los malos hábitos individuales de demasiados visitantes al tirar basura fuera de las papeleras. Toda persona que haya viajado a China sabe que su infraestructura de transporte y turismo está preparada para masas de personas, y aunque Emeishan no sea una excepción, la montaña y sus caminos tienen los cupos que tienen. El ascenso completo dura entre 40 y 50 kilómetros, y harían falta mínimo dos días y buena forma física para recorrerlo entero. Es por eso que existen un par de teleféricos y un bus, que se pagan aparte de la entrada. Por eso sólo el último cuarto del ascenso está verdaderamente transitado. Hay algunos tramos difíciles, por el terreno, las posibles aglomeraciones y el estado del camino. Existe asistencia médica disponible en cualquier punto. Por encima de todo, lo que hay son escalones. Emeishan es muchísimas cosas, pero también una interminable escalera. No lo puedo enfatizar suficiente: escalones, escalones, escalones.

Lo cierto es que la información online sobre la montaña y su ascenso la encontré algo pobre, y aunque allí mismo supe entender y decidir, no dudes en ponerte en contacto conmigo si la quieres visitar. La entrada, 160 yuanes, más el bus de ida y vuelta, 90 yuanes, suman 31’90 euros. Algo caro, pero merece la pena sin ápice de duda.

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