China en el Camino de Santiago

Los amigos del Camino de Santiago chinos, coordinados en esta ocasión por el “Centro Intercultural para la Experiencia del Camino. Beijing” (BCC), han celebrado estos días su asamblea anual. El 30 de enero de 2021 a las 18h. de China (11h. de España), diferentes personas relacionadas con la cultura xacobea o tocadas por la experiencia del Camino de Santiago, participaron como ponentes, invitados u oyentes a lo largo de las dos horas que duró la asamblea.


Un vídeo disponible en este enlace (https://youtu.be/wi7m4fz2ts8) ofrece las partes más relevantes del evento, después de una edición que solventa algunos de los problemas técnicos que mostraba la grabación. En la página de reproducción, aparecen, bajo el vídeo, las diferentes partes de la asamblea a modo de índice de contenidos. Representantes de la Xunta de Galicia, del Instituto Cervantes de Beijing, de la editorial Buen Camino, de la Asociación de Amigos de los Caminos de Santiago de Madrid, de la Universidad Pontificia Comillas o de los amigos del Camino chinos van expresando sus puntos de vista sobre la experiencia de la ruta compostelana o del Año Santo recién inaugurado y prolongado excepcionalmente hasta final de 2022 con la intención de paliar los estragos de la COVID-19.

La promoción del Camino de Santiago en China, en realidad, supone solo una cara de la moneda en el diálogo cultural Oriente-Occidente. China también tiene rutas culturales llenas de historia que pueden recibir inspiración de lo que en Europa se ha venido haciendo a lo largo de los últimos cuarenta años en términos de recuperación de este patrimonio experiencial donde los haya. La aspiración de los promotores de estas iniciativas es poder explorar el potencial global tanto del Camino de Santiago como de las rutas culturales chinas.

En un mundo traumatizado por la creciente desafección entre las dos grandes superpotencias durante la era Trump, este tipo de iniciativas pueden recordarnos –en línea con la vocación de Cátedra China- que, tanto en Oriente como en Occidente, hay aún muchos veneros de humanidad, capaces de ofrecer el sabor de lo añejo y de lo nuevo con un alcance hasta ahora impensable.

Existen indicios elocuentes de que la incipiente clase media china, desde jóvenes estudiantes con ganas de abrirse a lo diferente, hasta personas jubiladas con tiempo libre, pasando por profesionales con una cierta estabilidad económica y deseos de cultivarse, va a ir encontrando un atractivo creciente en este modo de ocio donde lo que se consume es cultura en un espectro multipolar.

Cuando se consume, la cultura se torna experiencia que deja huella, por eso, en cierto modo, se abstrae de las leyes del mercado y de otras imposiciones de carácter ideológico, para seducir con su propia lógica: la de mentes que comunican a través de lo concreto de una delicatessen gastronómica, de una obra de arte, de la señalética que apuntala un camino, de un paraje rural o urbano sostenible, de lenguajes indescifrables que no velan lo que es valioso para el común de los mortales.

El ascenso de China resulta inquietante para una mentalidad pro-occidental, tanto en Oriente como en Occidente. Si en el análisis de esta forja inexorable de un nuevo orden global solo se observa el reparto y renegociación de poderes, será también inexorable llegar a la conclusión de que el mundo debe avanzar hacia un esquema bipolar de bloques relativamente herméticos entre sí. Ante esto, las rutas culturales de alcance global, desde los acantilados de Finisterre a las murallas de Xi’an, tienen la virtualidad de crear mundos de sentido preñados de amistad intercultural y admiración por lo que el otro tiene de valioso. Caminar juntos es aún posible.


Para más información, contactar con elcamino_chinese@sina.com

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