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China ante un mundo fragmentado

Por Juan Ignacio Palacio Morena*, Catedrático de Economía Aplicada, profesor colaborador de la Universidad de Castilla-La Mancha.


Publicado el 18/01/2024


Fuente: Viñeta diaria de El Roto, creada por Andrés Rábago y publicada en el periódico @el_pais y @el_pais_opinion

El mundo se ha admirado del fulgurante ascenso de China. Ese ascenso coincide con el despegue del proceso de globalización. La globalización es un fenómeno nuevo en el que confluye un salto en la liberalización de los mercados derivado de la respuesta a la crisis de la década de 1970 y la rápida extensión de las conexiones asociada a la aparición de Internet. Vayamos por partes.


¿Qué es la globalización? 

La globalización supone la integración de la actividad productiva a escala mundial. La fábrica global, trasunto de la aldea global que popularizó McLuhan. Éste describe las consecuencias de las posibilidades de comunicación inmediata a escala planetaria que se iban abriendo desde la aparición de la radio, el teléfono, el cine o la televisión. Posibilidades que se aceleran y multiplican con el procesamiento y la transmisión digital, así como con el avance en la capacidad y la velocidad del transporte terrestre, marítimo y aéreo. Todo ello permite que la producción de cualquier bien o servicio se fragmente en diferentes fases y territorios. Lo relevante es tener ventajas por conocimientos y costes en alguna de dichas tareas que conforman la cadena de valor del producto. Ciertamente el que tiene el conocimiento y el control de la información inherente al conjunto del proceso de producción es el que obtiene una mayor parte del valor añadido. Sin embargo, todos los participantes en dicho proceso pueden verse beneficiados. Aparecen incluso nuevas oportunidades para pequeñas empresas especializadas en una tarea muy concreta por simple que esta sea.

Hasta la década de 1980 China permanece replegada sobre sí misma, cerrada en buena medida frente al exterior tras las experiencias de presencia extranjera que habían dado logar a las guerras del opio en el siglo XIX. Éstas culminaron con los denominados “Tratados desiguales” que afectaron también a Japón y Corea. Como su nombre indica supusieron una humillación para esos países. China tuvo que ceder a las pretensiones de occidente y algunos territorios como la isla de Hong Kong y la península de Kowloon  pasaron a manos británicas. Esto provocó distintas revueltas y finalmente la caída de la dinastía Qing  Sólo tras la Segunda Guerra Mundial y después de nuevos enfrentamientos internos y con Japón se abolieron la mayoría de los citados tratados y se recuperó Taiwan que estaba en manos de los japoneses desde 1895. No obstante, el enfrentamiento civil continúa entre los nacionalistas de Chiang Kai-shek que habían proclamado la República de China y los comunistas, hasta que en 1949 estos últimos logran vencer y crear la República Popular China. El Gobierno de la República China se repliega en Taiwan. En 1997 se recupera la soberanía sobre Hong Kong y en 1999 sobre Macao, que había permanecido bajo control portugués desde siglos atrás.  


Tras el fallecimiento de Mao Tsé Tung en 1976 se inicia una política de apertura al exterior que se reafirmará en la década de 1980, lo que finalmente conducirá a la plena integración de China en las principales instituciones internacionales, incluida su adhesión a la Organización Mundial de Comercio en diciembre de 2001. Sin que tuviese una conciencia clara de lo que suponía el emergente proceso de globalización, China está convencida de que la clave en ese proceso es, más aún que el control de la información, el conocimiento que permita asimilarla. Como se ha señalado la globalización es el resultado de las posibilidades que abren las conexiones digitales y  las políticas liberalizadoras implantadas a raíz de la crisis del modelo de crecimiento económico y de la política social derivados del pacto inspirado en el pensamiento keynesiano y las ideas de Beveridge.


Ambas cuestiones, cambios tecnológicos y medidas liberalizadoras se desarrollan bajo la hegemonía del mundo occidental. La colonización que va desde mediados del siglo XIX a mediados del siglo XX permite al mundo occidental acceder a las materias primas y demás recursos necesarios para su desarrollo tecnológico y económico, si bien las rivalidades internas generan numerosos conflictos cuya máxima expresión son las dos Guerras Mundiales. Asentadas las bases de explotación de los recursos naturales los planteamientos keynesianos posibilitan la consolidación del bloque de occidente. Se fortalece la conexión de la Europa occidental con Estados Unidos. El resto del mundo, supeditado al poder occidental, queda en buena medida al margen del crecimiento que propician las políticas incentivadoras de la demanda y el desarrollo del Estado de Bienestar. El bloque soviético se aglutina en función del enfrentamiento al bloque occidental con la pretensión de ser una alternativa en la que el Estado lidera la economía al margen del mercado, lejos por tanto de los planteamientos keynesianos y confiando en conseguir una distribución más igualitaria de la renta y de la riqueza. Los demás territorios se subordinan de un modo u otro a la hegemonía de ambos bloques y se van posicionando conforme evolucionan hasta la desmembración final de la Unión Soviética en diciembre de 1991. 


China permanece prácticamente al margen de los primeros pasos que conducen al cambio tecnológico asociado a la conectividad digital y de las políticas de orientación keynesiana. También se aleja del bloque soviético,  a pesar de los vínculos que establece inicialmente con la URSS. El origen de la revolución maoísta reside fundamentalmente en la reacción a la presencia extranjera. Ésta ocasiona una fuerte crisis interna que deriva en enfrentamientos civiles y con su vecino Japón. La revolución rusa, por el contrario, es fruto sobre todo del rechazo al poder de los zares y de la debilidad de Europa sumergida en la Primera Guerra Mundial. Esto le dará fuerza a Rusia para intervenir en la Segunda Guerra Mundial y pactar al finalizar ésta el reparto del territorio europeo. China se ve favorecida inicialmente por la debilitación de Japón  al final de dicha guerra, pero no está condicionada como la URSS por su relación con el mundo occidental. 


¿Cuándo y dónde se genera el cambio tecnológico asociado a la revolución digital?

Todo cambio de largo alcance y que tiene múltiples facetas y aplicaciones es el resultado de un largo proceso en que se van acumulando distintos avances científicos y técnicos. Lo que se ve más son determinadas tecnologías de uso final, pero detrás están las investigaciones que conducen a importantes descubrimientos científicos de carácter más teórico. Estos permiten posteriormente desarrollar nuevas técnicas, que finalmente se traducen en aplicaciones de carácter más práctico. No es lugar para hacer un recuento ni siquiera somero de las principales aportaciones que surgen desde distintos campos, de la matemática a la física o la biología. Lo que es más es relevante es señalar que la mayor parte de esas aportaciones científicas y tecnológicas han dado lugar a la era digital frente a la meramente mecánica y analógica, y a la aparición de Internet en particular; así como que dicho cambio es liderado inicialmente por Estados Unidos y en menor medida por Europa.


En 1969 se crea en Estados Unidos una red de uso exclusivo militar denominada ARPANET.  En 1982 es cuando nace Internet propiamente dicho al establecerse el protocolo TCP/IP de Arpanet, al tiempo que Xerox libera la marca Ethernet. Esto permitió que en 1983 se creara el estándar de conectividad IEEE 802.3, que sería clave para el desarrollo de la World Wide Web (www) en la década de 1990. Xerox había sido fundada en 1906 en Estados Unidos y había destacado por crear en 1959 la primera fotocopiadora. También tienen su origen en Estados Unidos las denominadas como grandes tecnológicas. Apple nace en 1976 y es en 2007 cuando saca al mercado el primer iPhone. Google comienza en 1995 vinculada a la Universidad de Stanford. Meta, propietaria de Facebook, WashApp e Instagram se funda en 2004 en Cambridge, Massachusetts. Amazon, con sede en Seattle, se establece en 1994. Microsoft, fundada en 1975, tiene su sede en Redmond, Washington.


A partir de la década de 1990 es cuando surgen algunas otras grandes tecnológicas como la china Tencent que nace en 1998, especializada en videojuegos pero con otras muchas ramificaciones como la red WeChat. La plataforma de comercio electrónico Alibaba se crea en 1999. En ese mismo año nace Baidu el principal motor de búsqueda en China, semejante a Google.Otra gran empresa tecnológica de origen chino es ByteDance, fundada en 2012, aunque tiene sus raíces en la empresa 99fang.com creada en 2009. Su principal aplicación es Tik Tok creada en 2018 tras la compra en 2017 de la red social Musical.ly., también de origen chino. Otras empresas relevantes con origen en China son Xiaomi, establecida en 2010, y Huawei, la más veterana pues nació en 1987.

La mayor competencia se sitúa actualmente en el ámbito de los semiconductores. Estos constituyen el principal recurso que condiciona la capacidad y velocidad de almacenamiento y transmisión de los flujos digitales. La principal empresa productora es china, pero está radicada en Taiwan. Los otros grandes productores residen en Corea del Sur y Estados Unidos. En la cadena de producción de los semiconductores tiene también un papel destacado la empresa de los Países Bajos ASML, que surge en 1982 vinculada a Philips. A su vez, estas empresas dependen de proveedores de fuentes de luz ultravioleta y de elementos ópticos; así como en última instancia de la disponibilidad de materias primas como el silicio o el germanio, entre otros. El hecho de que la principal empresa sea taiwanesa y que Estados Unidos presione a ASML para que no abastezca a China de sus máquinas de fotolitografía ultravioleta extremo, fundamentales en la fabricación de semiconductores, sitúa a China en una posición comprometida.


¿Qué supone la reacción liberalizadora tras la crisis de la década de 1970?

Junto a la revolución digital el otro elemento esencial que condiciona la actual encrucijada económica y geopolítica es el significado y alcance de las políticas liberalizadoras. Éstas tienen como paradigma el enfoque conocido como neoliberal. Dicho enfoque se sustenta en última instancia en la concepción vigente de la ciencia económica representativa de la corriente neoclásica, que concibe la competencia como ajuste de precios (competencia perfecta). Presupone que para que se produzca dicho ajuste no puede haber ningún elemento que lo limite. De ahí que las políticas económicas tengan como finalidad fundamental la eliminación de cualquier regulación. Keynes no pone en cuestión esta idea de competencia, pero sí advierte que el ajuste de precios y salarios no es automático sino que requiere estimular la demanda. Si no se incentiva la demanda mediante elevaciones de salarios y precios, alentada por el gasto público, se producirá una espiral deflacionista. Habrá ajuste de precios pero a la baja (deflación), lo que acabará agudizando la caída de la actividad productiva.

El planteamiento keynesiano confluye con la advertencia de Beveridge, en su conocido informe de 1942, sobre la necesidad de corregir las desigualdades sociales mediante prestaciones sociales para los segmentos sociales en riesgo de quedar marginados del proceso de consolidación de un Estado democrático. La garantía de que el propio mercado pondrá freno a los desequilibrios derivados de un exceso de gasto público reside en la ampliación de los mercados a escala internacional bajo las reglas establecidas en los acuerdos de Bretton Woods. Las reglas de Bretton Woods, amparadas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, se supone que deberían corregir los déficits en la balanza de pagos e indirectamente en las cuentas públicas, obligando a quienes incurran en déficits excesivos a moderar sus políticas de gasto público y establecer medidas adicionales de política monetaria y fiscal.

El planteamiento keynesiano pretende asegurar el crecimiento económico incentivando el consumo asociado a la subida de los niveles de ingresos de las familias. El desarrollo de las políticas sociales contribuye a complementar ese objetivo, garantizando de paso una mayor justicia social. Dichas políticas fueron apoyadas por todo el espectro político europeo, desde la derecha moderada a la socialdemocracia. A ello coadyuvó el clima de pacto social existente en el período de reconstrucción postbélica entre los gobiernos, las asociaciones de trabajadores y los empresarios.


Este clima favoreció la tendencia a la unificación de la Europa occidental, lo que a su vez reforzó la implementación de las políticas inspiradas en Keynes y Beveridge. Sin embargo, este esquema empieza a tambalearse con el derrumbe de uno de los pilares de la política económica internacional establecida en Bretton Woods. La excesiva acumulación de dólares en las reservas de los países europeos, coincidente con el déficit de la balanza comercial estadounidense, conduce a que Francia y Gran Bretaña exigieran a Estados Unidos la conversión de sus excedentes en oro. Esto provocó el final del tipo de cambio fijo del dólar con el oro en 1971. El dólar se devaluó y el gobierno de Nixon impuso un arancel temporal para frenar el desequilibrio comercial.

En ese contexto los países árabes, encabezados por la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), reaccionan acelerando la nacionalización de las reservas petrolíferas y provocando una fuerte subida de los precios en 1973. Las grandes compañías de refino y transporte, mayoritariamente americanas en ese momento, multiplican sus ganancias. Esto reforzó a Estados Unidos, aunque su economía, como la del resto del mundo y la europea en particular, sufrió fuertes desequilibrios que se manifiestan en inflación y déficits de la balanza comercial. Se produce un estancamiento de la producción que dispara el desempleo al tiempo que se elevan los precios, lo que se conoce como estanflación. Esto pone en cuestión las políticas keynesianas aplicadas tras la Segunda Guerra Mundial que postulaban una relación inversa entre del crecimiento de la producción y el empleo de un lado y la inflación de otro.     


Se crea así el ambiente propicio para la reacción antikeynesiana a finales de la década de 1970, conocida como neoliberalismo. Se propugna la desregulación de los mercados bajo el eufemismo de la liberalización. Con ello lo que se establece no es sólo ni principalmente un freno del gasto público y un impulso a la reducción de aranceles sino, sobre todo, una deslegitimación de las políticas industriales de fomento y defensa de la competencia, aspectos en los que Keynes no se había detenido. Las políticas neoliberales acentúan la tendencia de los mercados a la concentración y derivadamente a la desigualdad en la distribución de la renta y al estancamiento de la productividad considerada a nivel agregado.

De hecho, ante la amenaza que representa el estancamiento de la productividad y la persistencia de la desigualdad para el propio crecimiento, las políticas neoliberales han demostrado que el keynesianismo no es su antítesis sino que puede servir de complemento. Prueba evidente de ello es que el endeudamiento público y privado no ha parado de crecer (gráfico 1). Aunque en los dos últimos años (2021-2022) ha descendido ligeramente en términos porcentuales respecto al PIB, sigue estando nueve puntos por encima de la deuda anterior al año identificado como Covid-19 (2020).  El descenso en el último año (2022) respecto al anterior (2021) ha sido superior en la deuda privada (un 6,4% hasta quedar en el 146% del PIB) que en la pública (un 3,6% que representa el 92% del PIB). La deuda mundial en 2022 supone, por tanto, el 238% del producto bruto mundial, más del doble que en 1950. En valores absolutos 235 billones de dólares de Estados Unidos, doscientos mil millones más que en 2021.

El peso de la deuda respecto al PIB en 2022 es semejante en Estados Unidos y China, 273,9 y 272,1, respectivamente, aunque en valores absolutos es muy superior la de Estados Unidos, casi 70 billones frente a 47,5 de China. Japón es el más endeudado, pues su deuda total representa el 447,4 de su PIB. Aquellos con PIB per cápita más elevado son, significativamente, los más endeudados, pues también superan la media mundial el área euro (254% del PIB) o el Reino Unido (252,1). Mientras tanto los países de menos renta, clasificados como países en desarrollo de baja renta, tienen una deuda que supone el 87,8% de su PIB, si bien también ha aumentado de forma notable en las dos últimas décadas.


GRÁFICO 1: DEUDA MUNDIAL (% del PIB)


Fuente: Base de datos de sobre la deuda mundial del FMI, 2023y cálculos del personal técnico del FMI.
Nota: Las relaciones deuda/PIB estimadas se ponderan por el PIB de cada país en dólares de Estados Unidos.

Desglosando la deuda en pública y privada (gráfico 2), Estados Unidos supera a China en deuda pública, 121,4% frente a 77,1% de su respectivo PIB, si bien Japón supera a ambos (261,3) y el área euro (93,2) también está por encima de China. Por el contrario, en deuda privada China aparece a la cabeza (195) seguida de Japón (186,1), Area Euro (161,1) y Estados Unidos (156,6). Los países de menor renta tienen una deuda privada inferior incluso a su deuda pública, 39,3 y 48,4, respectivamente.   

 

 

GRÁFICO 2: DEUDA PÚBLICA Y PRIVADA MUNDIAL Y DE PAÍSES


(véase en gráfico 1 el enlace con la fuente de que está extraído)


Nota: La relación deuda/PIB para cada grupo se pondera sobre el PIB de cada país en dólares de Estados Unidos.

El panel de deuda pública incluye 181 países adicionales, mientras que el de deuda privada incorpora otros 151 países, representados por las líneas grises. Las cifras de deuda de China abarcan un perímetro del gobierno general más recortado que las estimaciones del personal técnico del FMI en los informes sobre las consultas del artículo IV de China (véase el informe del personal técnico del FMI sobre  los países Nº23/67 una conciliación de las dos estimaciones). La deuda del sector privado de China incluye 1/3 de deuda de vehículos de financiamiento de los gobiernos locales, así como la deuda de otros fondos públicos extrapresupuestarios.

El peso de la deuda respecto al PIB en la Unión Europea se ha incrementado en las dos últimas décadas, siendo superior en la privada que en la pública (gráfico 3). La deuda pública se mantuvo durante la etapa de crecimiento que va desde finales de la década de 1990 hasta la crisis de 2008. El elevado crecimiento del PIB permitió que el peso de la deuda pública llegase incluso a reducirse en los años inmediatamente anteriores a la crisis financiera. A partir de 2009 la caída del PIB eleva el peso relativo de la deuda pública, que se modera posteriormente con las políticas de austeridad, para dispararse de nuevo en 2020 a raíz de la pandemia y volver a reducirse en los últimos años. La deuda privada se eleva en los años de mayor crecimiento para moderarse tras la crisis financiera, repuntar en el año de la pandemia y reducirse, incuso más que la pública, en los dos últimos años. En todo caso, los niveles de deuda en la UE27 son muy diferentes según países, variando desde el 18,4% de Estonia al 171,3 de Grecia.   


Fuente: Eurostat (elaboración propia a partir de los datos de deuda pública y privada de Eurostat)

Es importante resaltar este incremento en el endeudamiento público y privado a escala mundial y las diferencias por zonas, no por lo que significan en sí mismos sino por su relación con las políticas de liberalización y por la correlación existente entre el grado de  endeudamiento y el nivel y crecimiento del PIB per cápita. A primera vista parece contradictorio que el auge de las políticas neoliberales desde finales de la década de 1970 vaya acompañado de un incremento tanto del gasto y endeudamiento público como del endeudamiento privado. También puede parecer sorprendente que sean los países más ricos o los que como China han tenido un fuerte crecimiento los que tengan mayores niveles de endeudamiento, tanto público como privado, más elevados.

En vez del supuesto equilibrio competitivo walrasiano, según el cual los mercados tienden automáticamente a una igualación de las tasas de beneficio y de salarios de todas las empresas, lo que se produce es una dependencia creciente de la base del sistema productivo constituida por pequeñas y medianas empresas de monopolios u oligopolios que imponen sus condiciones en diferentes mercados. Esto genera diferencias en las tasas de beneficio, y en muchos casos de salarios, cada vez mayores. Las empresas dominantes asientan su poder en una constante ampliación de la dimensión de los mercados, una expansión del consumo o demanda final que alimenta el crecimiento del conjunto de la economía. Este crecimiento refuerza la quimera de una mejora sin límites en la que cada vez se alcanzan niveles superiores de bienestar, asociados al incremento de la renta per cápita. Crecimiento que se supone que llega a todos aunque sea en diferente medida. Es la idea soñada de que los pobres se benefician porque la riqueza desborda hacia los de abajo.

El hecho de que las rentas derivadas de la producción, -antes de su redistribución vía impuestos, subvenciones y donaciones-, sea cada vez más desigual, requiere una mayor redistribución que palie aunque no revierta esa creciente desigualdad. Esta redistribución no busca tanto evitar que estallen conflictos sociales como impedir que el consumo se deprima y que los mercados se estrangulen en vez de seguir ampliándose. El crecimiento asociado a la “liberalización” de los mercados va unido a un peso creciente del gasto público en vez de a su reducción como postulan los planteamientos neoliberales

Este tipo de crecimiento requiere también un aumento del endeudamiento privado. Los países más ricos amplían sus mercados financieros con una doble función. Por un lado, ayudar a la población que tiende a perder poder adquisitivo a que siga comprando a crédito, aunque sea dilatando los plazos de pago. Por otro, dando salida a la acumulación de capital de las empresas que dominan los mercados. Su capital no se agota en nuevas inversiones productivas, de modo que busca rentabilizar su exceso de liquidez en los mercados financieros.

Así pues, cuando se crece hay una tendencia al aumento de la desigualdad. Si se produce una recesión y se frena el crecimiento a nivel mundial, la desigualdad a escala global tiende a reducirse. Así ocurrió en las crisis vinculadas con las dos guerras mundiales, incluida la de 1929 en el periodo de entreguerras; y más recientemente con la crisis financiera de 2007 y la de la pandemia de 2020. Este tipo de crecimiento propicia también una tendencia al estancamiento de la productividad. Si bien aumenta en las empresas con un amplio dominio de los mercados, tiende a reducirse en las que son cada vez más dependientes de ellas. El resultado final es un cierto estancamiento de la productividad, pues se compensa el aumento en las empresas dominantes con la reducción en las demás.

Lo que puede parecer aún más sorprendente es que los países ricos sean los más endeudados. Sin embargo, como se ha señalado, para crecer se  requiere reforzar mediante el gasto público el endeudamiento privada la demanda de consumo y la continuidad de la inversión. Por tanto, no es extraño que sean los países más ricos y en los que aumenta más la desigualdad donde el endeudamiento tiende a ser mayor. Las empresas que acumulan más capital a veces requieren un incremento extraordinario de su inversión para acrecentar su dominio de los mercados, necesitan endeudarse pues su ahorro no es suficiente para afrontar una inversión tan cuantiosa. Adicionalmente, cuando las empresas acaparan mercados quedan cada vez más expuestas a las fluctuaciones de la demanda. Ante una recesión, por muy coyuntural que sea, una parte significativa de su capital fijo aún no amortizado queda sin usar con el consiguiente quebranto económico. De ahí que en esas situaciones requieran endeudarse para tratar de salvar sus eventuales pérdidas.

Es lo que se refleja a escala agregado en las cifras de endeudamiento público y privado, tanto en su evolución a escala mundial como en su distribución entre países o áreas económicas. Con frecuencia aparecen noticias sobre empresas y países al borde de la quiebra por su excesivo endeudamiento. Entre las más recientes está el caso de la empresa inmobiliaria Evergrande, un reflejo del elevado endeudamiento privado de China; o la recurrente amenaza de paralización de la administración pública (default) en Estados Unidos, que se va salvando in extremis, que ilustra su alto nivel de endeudamiento público.

Conclusiones

En definitiva, el modelo de crecimiento predominante a escala mundial se sustenta en una regulación de los mercados de bienes y servicios que conduce a una creciente concentración. La desigualdad en las rentas derivadas directamente de la producción, que se conoce como distribución primaria de la renta, y los desequilibrios que eso conlleva se intenta paliar mediante el endeudamiento público y privado. En la medida en que aumentan esas desigualdades y desequilibrios el endeudamiento tiende a ser cada vez mayor para así poder sostener el crecimiento. Estamos ante una espiral explosiva cuanto más se crece más se tiende a endeudarse para contener la presión que genera ese crecimiento; y si se frena el endeudamiento el crecimiento tiende a reducirse. China, como los demás países, está atrapada en esta espiral de crecimiento que alimenta la crisis medioambiental, la tendencia a la desigualdad y la polarización social

Tratar de dificultar el crecimiento de China por parte del mundo occidental no sólo elude abordar el necesario cambio de paradigma, sino que agrava la situación porque obstaculiza el progreso de todos, incluidos los países occidentales y perjudica sobre todo a los países más empobrecidos. Estados Unidos encabeza el enfrentamiento con China no por diferencias ideológicas o de sistema político como con frecuencia se afirma, sino porque ve amenazada su hegemonía mundial. Mientras tanto, la Unión Europea, incapaz de establecer una política internacional propia, asume de forma más o menos pasiva las posiciones estadounidenses. Europa está rodeada de conflictos que devienen en gran parte de su historia reciente.

  El dominio colonial europeo de finales desde mediados del siglo XIX a mediados del siglo XX, que fortaleció su expansión económica, se traduce actualmente en tener que afrontar un flujo migratorio intenso e imparable. A su vez, los  enfrentamientos internos de Europa acaban por imponer una salida al antisemitismo germano extendido a otros países, raíz del enfrentamiento palestino israelí, replicado en el del mundo árabe musulmán respecto al occidente cristiano. La guerra provocado por Rusia en Ucrania, así como los anteriores conflictos en la zona de los Balcanes, reflejan de algún modo la renuncia europea a formular una alternativa viable para los países de la antigua Unión Soviética ante el desmoronamiento de esta última. La Unión Europea se ha limitado a integrar a los países de antigua influencia soviética más cercanos a sus fronteras para establecer una especie de muro defensivo frente a Rusia y buena parte del área euroasiática.

El intento de establecer políticas proteccionistas frente a China debilita a la Unión Europea, en vez de favorecer una pretendida autonomía estratégica y es ineficaz incluso para apoyar la intención estadounidense de evitar el empoderamiento chino.

Es necesario un diálogo entre diferentes culturas, más allá de la pretenciosa superioridad de los regímenes políticos y los valores que representa el mundo occidental, para generar alternativas a los retos comunes a los que se enfrenta la humanidad y contar con China no sólo es inevitable, sino imprescindible.   



*Nota: Las ideas contenidas en las publicaciones de Cátedra China o de terceros son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento de esta Asociación. 

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