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APRENDER A VIVIR CON SHI TIESHENG

Por Abraham Márquez Barroso

Publicado 02/04/2024





Shi Tiesheng (1951-2010) fue un autor especialmente relevante en la literatura contemporánea china, sufrió una parálisis en las piernas a los 21 años que afectó, como es obvio, a toda su vida y cuya presencia es fundamental en su obra.

El autor, que destaca especialmente por su prosa ensayística 散文 sǎnwén, es perfecto para

emprender las primeras lecturas en lengua china, cuando se cuenta con un nivel entre HSK 4 y HSK 5 del idioma. El registro que usa es directo, pero al mismo tiempo su escritura es bella por sí misma y cada relato tiene una de esas frases que te toca el corazón, humedece tus ojos y entrecorta la voz. Gracias a la ausencia de vocabulario intrincado en sus textos, sus lectores no nativos, podemos seguir la lectura sin ayuda de diccionarios y conectar con el texto, así como percibir la belleza de las imágenes que presenta e incluso traducirlo sin que se pierda esa fuerza que te remueve por dentro. Tristemente gran parte de su obra no está traducida al español y de esta hay un sǎnwén que me resulta especialmente emotivo y que no he podido encontrar traducido para compartirlo con mis familiares y amigos. Ante esta ausencia y con la imprescindible ayuda de Liu Yujia 刘语佳, he traducido este hermoso texto y quiero compartirlo con el deseo de que se conserve su memoria, la memoria de un hombre que tuvo que aprender a vivir bien.

 

 

 

Nostalgia de otoño

Shi Tiesheng

Traducción de Liu Yujia y Abraham Márquez Fragoso.

 

Después de que mis piernas quedaran paralizadas, mi temperamento se tornó iracundo e impredecible. Miraba al cielo donde las bandadas de gansos migraban hacia el norte, y enajenado hacía añicos el cristal que estaba frente a mí; escuchaba la dulce voz de Li Guyi, y arrojaba de repente lo que estaba al alcance de mis manos por toda la habitación. Mi madre solía retirarse silenciosamente, escondiéndose donde no podía verla, escuchando de manera furtiva mis movimientos. Cuando todo volvía a la calma, entraba en mi habitación de nuevo con los ojos enrojecidos.

 

—   He oído que ya ha florecido en Beihai, te llevaré hasta allí para que demos un paseo —. Siempre decía eso. A mi madre le gustaban las flores, pero desde mi parálisis, todas las flores que ella cuidaba se habían marchitado.

—    ¡ No, yo no voy!— y golpeaba con fuerza mis jodidas piernas gritando —¡Qué sentido tiene estar vivo!—mi madre se inclinaba hacia mí, agarrando mi mano, y decía conteniendo las lágrimas:

—   Permanezcamos juntos, vamos a vivir bien, vivamos bien...—


 

 

Pero yo no sabía lo avanzada que estaba su enfermedad. Mi hermana me contó después que mamá sufría dolores de hígado a menudo y pasaba las noches en vela, retorciéndose del dolor.

 

Aquel día estaba sentado solo en mi casa, miraba por la ventana cómo caían las hojas de los árboles con tímidos susurros. Mamá llegó y parándose frente a la ventana dijo:

—Los crisantemos de Beihai han florecido, ¿te llevo a verlos?—    su cara que estaba desgastada mostraba una expresión suplicante.

— ¿Cuándo?— pregunté.

—Cuando quieras, ¿mañana, por ejemplo ?— dijo ella. Mi respuesta le llenó de alegría.

—Bien, mañana vamos— dije.

Estaba tan feliz que no paraba de sentarse y ponerse en pie.

—Entonces, vamos a prepararnos—

—Oh, no seas pesada, son solo unos pasos, ¿qué va a haber que preparar?”—Sonrió y se sentó a mi lado hablando sin parar.

—Después de ver los crisantemos, vamos a Fashang, cuando eras pequeño te encantaban los pasteles de guisantes de allí. ¿Recuerdas cuando te llevaba a Beihai? Decías que las flores de los álamos eran orugas peludas y corrías pisando una tras otra...” Se calló de repente. Palabras como “correr” y “pisotear” eran más sensibles para ella que para mí. Luego se fue silenciosamente.

 

Se fue y no regresó jamás.

 

Cuando los vecinos la subieron al carro, todavía vomitaba sangre a chorros. No me había dado cuenta de lo grave que era su enfermedad. Vi el vehículo alejarse y nunca pensé que fuera una despedida para siempre.

Cuando el vecino me llevó en su espalda a verla, respiraba con mucha dificultad, como había vivido toda su vida. Me dijeron que la última frase que dijo antes de perder el conocimiento fue: —Mi hijo enfermo y mi hija menor...—

 

Es otoño de nuevo, mi hermana me ha llevado a ver los crisantemos de Beihai. Las flores amarillas eran delicadas; las blancas eran puras; y las púrpuras, ardientes y profundas, florecían espléndidamente con el viento del otoño. Entendí al fin lo que mi madre no había terminado de decir. Mi hermana también lo entendió. Estábamos juntos y teníamos que vivir bien.


Las obras de Shi Tiesheng que han sido traducidas al español son

 

Shi, Tiesheng. (2015).《我与地坛》[Wo yu Di Tan] El templo de la Tierra y yo. Trad. Javier Martín Ríos y Sun Xintang. Beijing: Wuzhou Chuanbo Chubanshe.

 

Arsovska, Liljana (Ed.). (2013). Cuentos de China Contemporánea. México, D.F.: El Colegio de México, Centro de Estudios de África y Asia. Incluye La vida en la cuerda 《命若琴弦》de Shi Tiesheng.

 

 

El texto original del que se ha realizado la traducción se encuentra en

 

 

史铁生. (2022). 我从未如此眷恋人间

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