El Modelo económico de China

22/07/2020

En el mundo de 1820, uno de cada tres bienes que eran consumidos en todo el mundo había sido producido en el Imperio del Centro, en esa China poderosa que representaba en aquel entonces el 33% del PIB mundial. Sin embargo, cegada por su convicción de superioridad e inmersa en un sinfín de rivalidades y luchas internas, llegaría a 1978 convertida en una paupérrima economía con un insignificante 5% del PIB mundial. En 2020, China vuelve a ser la primera economía del mundo por paridad de poder adquisitivo; el primer exportador del mundo; el segundo mayor inversor del mundo; el país con las mayores reservas del mundo; el mayor tenedor de Bonos del Tesoro de EEUU; el mayor importador de petróleo; el primer productor de automóviles, de teléfonos móviles, paneles solares…; el mayor emisor de turistas y mucho más.

 

¿Qué ha ocurrido entonces en esas cuatro décadas para que China haya vuelto a convertirse en la potencia de hoy actual?

 

Pues una transformación económica apoyada en una política de reformas y puertas abiertas iniciada por Deng Xiaoping en 1978. Las reformas se centraron en la agricultura (fue el primer paso y se inició con la descolectivización y con el régimen de responsabilidad familiar ), las empresas (iniciando el desmantelamiento del monopolio del estado y permitiendo a las empresas, como una de las primeras medidas, quedarse con los beneficios que superaran la cuota de producción establecida por el plan, pudiendo destinarlos a financiar sus inversiones y las primas a sus empleados), el sector bancario (tomándose multitud de medidas con el objetivo de crear un sistema bancario moderno) y el comercio exterior (que permitieron abrir la economía tanto al comercio exterior como a la inversión extranjera hasta llevar a la incorporación de China en la OMC en 2001).

 

Podríamos decir que las cuatro bases del modelo económico que ha dado lugar a la mayor transformación económica nunca antes vivida han sido los siguientes: la magnitud de la población, una extraordinaria tasa de ahorro y de inversión, el impulso de las exportaciones y la afluencia de capital foráneo. En cuanto a la población, sus 1.400 millones de habitantes le sitúan en el país con la mayor población del mundo. Antes de la política del hijo único, la población aumentaba 40 millones cada año. Esa ingente población ha protagonizado en estos años en éxodo campo ciudad que ha afectado a 300 millones de personas (más que todo el éxodo campo ciudad el mundo en 200 años). En segundo lugar, China ha tenido en estos años la mayor tasa de ahorro del mundo. Una de las explicaciones de este fenómeno es que gran parte de estos ahorros eran ahorros “preventivos”, ya que, al no existir un sistema generalizado de Seguridad Social, las familias deciden ahorrar para hacer frente a la vejez, a una enfermedad, a los gastos educativos. En cuanto a la tasa de inversión, alcanza niveles espectaculares cercanos del 50% del PIB, debido al exceso de liquidez, a las enormes entradas de capital foráneo y al crecimiento del crédito bancario. La tercera base del crecimiento económico de China han sido las exportaciones, convirtiéndose el país en el mayor exportador del mundo en 2009. Por último, las inversiones extranjeras que llegaron de forma masiva convencidas de que China representaba la mayor promesa de desarrollo económico del mundo. Al principio, lo hacían atraídas por la ventaja de los bajos salarios, pero después lo harían atraídas por el atractivo de un mercado ingente de consumo.

 

Una nueva etapa en el modelo económico de este período de transformación iniciado por Xiaoping, llegó con Xi Jinping en 2013 que se encontró con una China absolutamente transformada, pero con un ciclo de rápido crecimiento que estaba llegando a su fin. Es por ello que el nuevo presidente apostó por un nuevo modelo de desarrollo que busca conseguir el sueño chino (Zhongguo Meng). Para conseguir su sueño chino, era necesario un cambio de crecimiento económico que primara la “calidad” por encima de la “cantidad” y más sostenible a largo plazo. Por ello, en noviembre de 2013 se elaboró un documento con más de 300 medidas dirigidas a propiciar ese cambio de modelo, convirtiendo al mercado en el protagonista de la asignación de recursos.

 

Las claves del nuevo modelo de desarrollo se basan en un reequilibrio de la economía de inversión hacia el consumo; de la demanda exterior hacia el mercado interior; y del sector manufacturero tradicional hacia los servicios y la industria 4.0 o industria inteligente. Para este cambio de modelo, cuentan con las nuevas tecnologías que se están convirtiendo en el elemento clave del mismo.

 

Para conseguir el aumento del consumo interno y para que pase a ser la base del crecimiento económico, se han planteado una serie de objetivos que se consideran imprescindibles. En primer lugar, se ha fijado alcanzar el 70% de tasa de urbanización en 2030. Esto está ligado al crecimiento de la clase media, ya que es clave para el crecimiento del consumo interno. Actualmente no es importante, pero podría situarse en un 35 % (en torno a 480 millones de personas) en 2030.

 

En segundo lugar, para fomentar el consumo, también es necesario la disminución de la tasa de ahorro. El gobierno chino considera necesario que las familias reduzcan los ahorros “preventivos”. Es por eso que desde la llegada de Xi se ha intensificado la apuesta por desarrollar servicios sociales básicos como la educación y la sanidad, y avances en el sistema de seguridad social y pensiones. En tercer lugar y con el mismo objetivo, se considera necesario el aumento de los salarios para aumentar la capacidad adquisitiva. En cuarto lugar, se han tomado medidas para luchar contra la corrupción y para disminuir la desigualdad, ya que el presidente Xi Jinping considera que son fuertes frenos para su sueño chino.

 

De esta forma es como China ha vuelto a situarse en el centro del mundo, pero con grandes retos de cara al futuro como son el envejecimiento de la población, los altos niveles de contaminación, el alto nivel de endeudamiento y la guerra comercial con EEUU y en el momento actual y por encima de todos ellos, hacer frente a la pandemia y manejar bien los hilos que pueden marcar el relevo de la hegemonía mundial del siglo XXI. De cómo dé respuesta a estos retos y, sobre todo, a la pandemia actual, dependerán en gran parte el diseño del escenario mundial próximo.

 

 

Gloria Claudio Quiroga 
Vicepresidenta de Cátedra China

Profesora Titular de la Universidad Francisco de Vitoria 
 

 

 

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