El mejor momento para plantar un árbol

Actualizado: 23 jun

En el año 2012, el presidente chino Xi Jinping, en su discurso de investidura, manifestó de manera clara un objetivo de altas miras: “China necesita comprender mejor el mundo. El mundo necesita comprender mejor China”. Los chinos ya están haciendo su parte y nos llevan bastante ventaja en lo que a conocimiento mutuo se refiere. ¿Y nosotros? ¿Cómo de bien o mal equipados estamos nosotros para afrontar y manejar esta nueva realidad? ¿Cuánto conocemos de China, del “fenómeno chino” y los chinos?


Existe una llamativa falta de proporción entre el desconocimiento que nosotros tenemos de China y lo que sabe China de nosotros. España, en concreto, tiene y ha tenido un buen puñado de diplomáticos de primera talla (Eugenio Bregolat o Jose Pedro Sebastián de Erice, entre ellos) y fenomenales periodistas, corresponsales, reporteros y delegados que, a lo largo de décadas, han tendido buenos puentes entre ambos mundos para salvar ese desconocimiento. Ahí están Zigor Aldama, Aritz Parra, Georgina Higueras, Sergi Vicente, José Reinoso, Magdalena Vidal, Lucas de la Cal, o Rafael Poch. Pero, para colmo de este desconocimiento asimétrico, en España, a menudo, la información que recibimos de China (y lo chino) es de segunda mano; información traducida al castellano de fuentes inglesas que, a su vez, la han traducido de otras fuentes. Faltan en Occidente en general, y en España en particular, muchos más expertos y especialistas en China que preparen a la ciudadanía y a sus gobernantes para afrontar el gran desafío global del siglo XXI: ese traslado del centro de gravedad geopolítico a Oriente.


A fuerza de ver a nuestra pequeña península en el centro de los mapamundis, ensimismados en nuestras miserias políticas nacionales, del futbol y los reality shows, es fácil perder la perspectiva global: el futuro va a exigirnos competir con China y llegar a acuerdos con China, pero no podemos hacer ninguna de esas dos cosas sin esforzarnos por sacar la cabeza del agujero de avestruz en la que la tenemos metida. Como escribe el periodista Ángel Villarino: “no tenemos ni la más remota idea de qué quiere China de nosotros”. El desconocimiento generalizado sobre lo que China busca y sus prioridades es preocupante. Nuestros gobernantes, aunque cuentan con equipos de solventes y bien informados asesores, no suelen andar mucho mejor equipados que el ciudadano de a pie.


Y, así, ignorantes de lo que pasa al otro lado del planeta, mientras China sigue creciendo a pasos agigantados, nosotros la ninguneamos, empleando etiquetas desfasadas para suplir nuestra escasa preparación. El primer error a depurar es dejar de aferrarnos a los mismos mitos repetidos una y otra vez, que sólo consiguen mantenernos en el tópico de esa “diferencia insalvable e ininteligible”. China no es un país al uso, tampoco es un BRICS más, no es un mero país emergente, ni siquiera una “nación” convencional. Como propone el politólogo chino, Zhang Weiwei, China es un Estado-civilización y, en la mayoría de los aspectos, China es una categoría en sí misma. Empleando la jerga contable, China es “un fuera de serie”. A menudo, se emplea esta expresión para denominar el carácter extraordinario y sobresaliente de alguien. En sentido estricto, en cambio, “fuera de serie” denomina a un artículo producido con unas características no estándares. Eso es China: un elemento “fuera de catálogo” que no encaja en ninguna etiqueta ni categoría convencional.


El segundo error que debemos corregir con urgencia es no excusarnos en nuestra falta de anticipación histórica. Efectivamente, España y Latinoamérica han llegado más tarde a China que otras potencias occidentales: Reino Unido, Japón, Rusia, Francia, Alemania, Estados Unidos, Austria o Italia (todas ellas, por cierto, de pasado imperialista y no pocos expolios asiáticos en su haber, que China no olvida).


Sin embargo, no hemos llegado demasiado tarde. Mi apuesta es que China no va a colapsar, que va para largo, que va a dominar el siglo XXI y que su mercado de consumo es el mayor del futuro. El tiempo juega a su favor. No es, en absoluto, demasiado tarde para comenzar a vencer nuestro desconocimiento sobre China. Como dice el proverbio chino: “El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años. El segundo mejor momento es ahora”.


Julio Ceballos Rodríguez*



*Nota: Las ideas contenidas en las publicaciones de Cátedra China son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento de esta Asociación.

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