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Discurso de Marcelo Muñoz: La masacre de Nankín


Publicado el 7/11/2023


Por Marcelo Muñoz*


Fuente: Stanford History Educational Group

Vamos a entrar hoy en un retazo de la memoria histórica. La memoria histórica es para esclarecer la verdad, para hacer justicia con las víctimas y para evitar que las atrocidades se repitan.

Pero la memoria histórica, como queremos analizarla hoy, excluye la venganza, el rencor o el odio. Buscamos la verdad, que se quiere ocultar, y hacer justicia con las víctimas. Buscamos la concordia, la paz, el entendimiento entre los pueblos, concretamente la colaboración entre los países de Asia que sufrieron las atrocidades de la II Guerra mundial. y mucho más la colaboración y el entendimiento entre China y Japón, para que nunca más les enfrente ninguna guerra, sino por el contrario, puedan contribuir, juntos, a la paz en toda Asia, especialmente a la superación de las guerras que aún enfrentan a vario países asiáticos, especialmente en Oriente Medio y Palestina.

Todos los años, en abril, conmemoramos en Europa el “final “de la II Guerra Mundial, con toda la solemnidad posible por parte de los líderes europeos y los medios, como un hecho de evidente relevancia histórica; y lo es, sin duda. Pero en esta época en que tenemos que defendernos tan frecuentemente de las medias verdades, de las tergiversaciones de la Historia, nos convendrá matizar esta noticia: en el mes de abril se cumplen años de la derrota de Hitler y del “final de la II Guerra Mundial en Europa”, pero la II Guerra Mundial acabó en septiembre del mismo año, es decir, 5 meses después, período en el que todavía hubo muchas, víctimas, dos bombas atómicas, y cerca de 20 países –con el triple de población que toda Europa– siguieron sufriendo las consecuencias dramáticas de esa guerra, que, desde su origen, y antes que en Europa, fue también asiática.

El final real de esa II Guerra Mundial, y por eso la Historia la reconoce como mundial, se produjo el 2 de septiembre, con la rendición de Japón y la firma, entre otros, de Estados Unidos, China, la URSS, Reino Unido...del final del enfrentamiento bélico mundial que había durado casi 15 años y que hoy conmemoramos en uno de sus episodios más escalofriantes.

Es un error en el que los europeos caemos con frecuencia: juzgar los acontecimientos desde nuestra visión eurocéntrica, como si fuéramos el Mundo. Así hemos convertido la II Guerra Mundial en una guerra europea u occidental; y, sin embargo, la llamamos mundial, porque lo fue en realidad, con su dramática repercusión tanto en Europa como, mayor aún, en Asia, como lo muestran las cifras.

Algún autor como Laurence Rees, llega a hablar en su libro de “El holocausto asiático”, en el que detalla con infinidad de datos el porqué de ese título tan sorprendente y siniestro.

Como, en parte, podemos comprobar en la exposición que hoy inauguramos; pero no queremos entrar en los detalles de ese “holocausto” porque reivindicamos la memoria histórica en exposiciones como la actual y otros muchos actos, mirando al futuro de cooperación y de paz.

El número total de víctimas, militares y civiles, de la II Guerra Mundial, según diversas y dispares estimaciones, pudo llegar, en los cálculos más bajos, a los 75-80 millones, es decir, aproximadamente el 3% de la población mundial de entonces; también aproximadamente, la mitad de las víctimas fueron en Asia, y la otra mitad en Europa. El país más castigado fue China, con unos 20 millones de muertos, no sólo por la ferocidad de los ataques, sino porque la invasión de China, por parte de Japón fue, en diversas fases, desde 1931 a 1945; con el agravante de que Japón colonizó la isla china de Taiwán desde 1895 en la primera guerra chino-japonesa, y toda Corea desde 1910.

Una larguísima lista de estudios, análisis y estadísticas, que podemos encontrar en cualquier bibliografía temática, incluido Wikipedia, avalan estos cálculos macabros. Y, sin embargo, han quedado muy silenciados y son muy desconocidos para Occidente.

Y, quizá, la masacre más significativa fue la de Nanking, que hoy queremos recordar especialmente: el 13 de diciembre de 1937 el ejército japonés ocupó Nanking, la capital de China entonces, al mando del Teniente General, príncipe Yasihiko Asaka. Fueron 42 días en que lo soldados japoneses recibieron licencia de sus superiores para matar, violar, saquear...Sobre el número total de víctimas hay grandes discrepancias. Las cifras más repetidas son entre 250.ooo/300.000 víctimas en esos 42 días que duró este tipo de ocupación, pero si se suman las víctimas en la batalla por ocupar en la ciudad, algunos autores hablan de 500.000 víctimas: había que doblegar la resistencia de las tropas chinas con un escarmiento atroz!.


Estamos en el día de la memoria, lejos de la venganza o el odio: así lo he vivido en China en sucesivas ocasiones: reivindicamos la memoria serena, pacífica, justa; por justicia con las víctimas, para que no se olviden los crímenes cometidos y para que no se vuelva nunca a esas atrocidades.

El Tribunal Penal Internacional para Lejano Oriente, constituido por los vencedores, excluyó de toda responsabilidad al Emperador de Japón, a pesar de ser el máximo responsable, y condenó como criminales de guerra de clase A sólo a algunos altos mandos políticos y militares japoneses, con 11 penas de muerte ejecutadas y 16 cadenas perpetuas, conmutadas antes de 1955.

El mismo Tribunal Penal Internacional no juzgó a la mayoría de los responsables directos de esos crímenes y masacres, y excluyó expresamente de su jurisdicción, a otros.

La democracia liberal japonesa, impuesta por Estados Unidos al acabar la guerra, tiene pendiente un ejercicio mínimo de memoria histórica. No ha reconocido, ni ha pedido perdón –salvo muy en voz baja–, ni perseguido a los responsables, ni indemnizado a las víctimas. Es Más, varios de los condenados como criminales de guerra aún yacen el cementerio de todas las “victimas” japonesas de todas sus guerras. Nada comparable a la actitud de Alemania con los crímenes del nazismo.

Desde Occidente continuamente recordamos, analizamos, investigamos los crímenes nazis, reclamando indemnizaciones y compensaciones, y los describimos en cientos de películas, novelas, reportajes... casi a diario. Pero silenciamos los crímenes del militarismo japonés, aliado del nazismo, y conmemoramos el final de la II Guerra Mundial ignorando que también fue dramáticamente asiática. ¿Es porque los millones de víctimas asiáticas no son “nuestras”? ¿O porque hay diferentes categorías de víctimas? A las asiáticas casi las hemos borrado de nuestra historia, de los libros de texto, la literatura, el cine, la televisión... occidentales.

Me gustaría contribuir modestamente a superar esta injusticia histórica, a rendir homenaje a esos millones de víctimas asiáticas, -especialmente hoy a las 300.000 víctima de Nankín y sus decenas de miles de mujeres violadas, que también contribuyeron a liberar al mundo de la barbarie nazi y de su gran aliado, el militarismo japonés, que pusieron, por igual, sus garras y sus botas sobre el mundo, sobre esas dos grandes partes del mismo mundo –Oriente y Occidente– en la II Guerra “Mundial".

Hoy, con serenidad, sin rencor, mirando a un futuro posible de paz y convivencia, nuestra memoria histórica quiere honrar a las víctimas, especialmente las de Nankín, con la esperanza de que su memoria hoy sea un esperanza de paz hacia el futuro.



*Nota: Las ideas contenidas en las publicaciones de Cátedra China o de terceros son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento de esta Asociación.

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