“China y Occidente frente a frente: rivalidad o cooperación”


La intensificación de las tensiones que se viven hoy en día entre China y Occidente puede dificultar la dirección que se adopte en las relaciones entre ellos, las cuales pueden ser decisivas para el futuro de toda la humanidad, en el ámbito económico, político y cultural. Convencidos de la necesidad de conocer, compartir y promover lo mejor de nuestras respectivas culturas y sociedades, Cátedra China y el Instituto Schiller organizaron un diálogo internacional bajo el título de “China y Occidente frente a frente: rivalidad o cooperación” que tuvo lugar el 21 de octubre de 2020, con una asistencia muy importante y la representación de 22 países. Los esfuerzos comunes que resultan de tal diálogo, y de su adopción por parte de dirigentes políticos y gobiernos en Occidente, son la clave para trabajar juntos para resolver las crisis existenciales que enfrenta la humanidad, incluida la actual pandemia del COVID-19 y la crisis económica subsiguiente.


El encuentro fue moderado por Rosa Cervera, Presidenta de Cátedra China, y los ponentes fueron Yao Fei, Ministro Consejero de Embajada de la República Popular China en España con su exposición sobre “La opinión de China”; Marcelo Muñoz, fundador y Presidente Emérito de Cátedra China (España) con “China y Occidente: dos mundos”; Helga Zepp-Larouche, fundadora y Presidenta del Instituto Schiller (Alemania) con “Confucio y Schiller: la educación estética del hombre”; Ángel Álvarez, Dr. Ingeniero, Miembro de Cátedra China (España) con “China’s Weaknessess in ICT in View of the Current Conflict with the US”, Jacques Cheminade, presidente de Solidarité & Progrès (Francia) con “La coexistencia económica para superar la geopolítica” y Michele Geraci, ex subsecretario de Estado para Desarrollo Económico (Italia) con “¿Cuál debe ser el papel de Europa entre China y Estados Unidos?”.


Empezó el Sr. Yao Fei haciendo un recorrido por la situación de China en el mundo, y explicando el momento en el que se encuentra su país en el camino hacia el desarrollo, destacando que este año China acabará con la pobreza extrema.

Expuso sus idas sobre los temas fundamentales de la relación entre China y Occidente, recalcando la apuesta decidida de su país por la cooperación y paz duradera. También resaltó la ayuda sincera y desinteresada de China al mundo en la lucha contra la pandemia.

China quiere elevar su apertura al exterior y apuesta por el nuevo camino de las relaciones interestatales caracterizadas por el diálogo y la asociación, entablando la amistad y la colaboración y defendiendo el multilateralismo.


A continuación, Marcelo Muñoz hizo un recorrido histórico para demostrar que China es un mundo diferente al nuestro y que Occidente desconoce. Y como resultado de ese desconocimiento, Occidente considera no válido ese modelo. Expuso dos excepciones en la historia en las que esto no fue así; la primera sería la de los jesuitas de Matteo Ricci, que fueron respetados y admirados por varios emperadores e iniciaron un dialogo con la civilización china, diálogo que fue truncado por la incomprensión de sus superiores y del Papa Benedicto XIV que condenó tal dialogo como herético; y la segunda excepción sería la Inglaterra de Jorge III.


Marcelo Muñoz destacó que la solución pasa por el conocimiento y el respeto mutuo, el respeto a la soberanía de los países y su idiosincrasia, el diálogo, el debate, y la negociación para solventar nuestras diferencias que son muchas y muy profundas.


Seguidamente Helga Zepp-Larouche, con su conferencia “Sobre Confucio y Schiller, la educación estética del hombre”, destacó que en Occidente muchas personas ven a China a través de sus anteojos eurocéntricos. Occidente y China son dos mundos muy diferentes, pero también existen principios universales comunes que una vez sean descubiertos, facilitarán la relación entre los dos mundos. En Occidente hay quien piensa que hoy en día estamos inmersos en una competición sistémica con China y en cierto modo es cierto. Si las tendencias políticas continúan en ambos lados, el resultado es claro: Occidente perderá y no por nada que haga China, sino por un cambio hacia un paradigma autodestructivo en Occidente, por medio del cual Europa y EE. UU. han abandonado sus mejores tradiciones, mientras que China ha regresado a su tradición confuciana de miles de años. En Europa, por el contrario, hay una amnesia de los periodos más avanzados de la historia europea. La búsqueda del bien común ha sido reemplazada en Europa por la maximización del beneficio. China, sin embargo, en base a buscar el bien común y basándose en la meritocracia, ha podido contener la crisis del COVID-19 y reiniciar su economía.


Terminó su intervención afirmando que el regreso a los principios universales comunes se encuentra en el método de la perfección y allí se puede encontrar una similitud entre Confucio y Schiller.


Ángel Álvarez intervino a continuación hablando de las fortalezas y las debilidades de China en las TIC en vista del conflicto actual con EEUU. La tesis que sostuvo fue que, a pesar de los grandes avances técnicos y científicos que ha tenido China recientemente en todas las áreas, su infraestructura informática, tanto hardware como software, adolece de ciertas carencias, y estas son graves si se considera la velocidad con la que se desarrollan estas tecnologías.


Primero mostró las carencias en infraestructura hardware que tiene China, para pasar a explicar las carencias en fundamentos de tecnologías software y terminar mostrando las fortalezas que tiene China en inteligencia artificial, pero aclarando que estas fortalezas no pueden suplir las carencias anteriores.


Jacques Cheminade empezó diciendo que estamos en un momento decisivo en la historia mundial donde la capacidad de la humanidad para sobrevivir se pone a prueba en cada uno de nosotros. Definió la geopolítica, el virus financiero, el virus malthusiano y el de la burocracia como los cuatro jinetes del apocalipsis de nuestro tiempo o los cuatro dragones que amenazan al mundo. A partir de aquí, hizo un recorrido por la relación entre Occidente y China en la historia reciente, concluyendo que la iniciativa china de la Franja de la Ruta y la Seda debería concebirse como un proyecto para revivir, a un nivel mucho más amplio, la concepción de las relaciones este-oeste como un modelo de beneficio mutuo, de desarrollo económico y cultural. El desarrollo tecnológico y económico de China no debe considerarse como un peligro, sino todo lo contrario, como un potencial para todos nosotros. Los destinos europeos y chinos solo pueden ser comunes junto con el de EE. UU.


Michele Geraci empezó afirmando que el problema en los últimos años es la manera en que Europa aborda el tema de China y que se confunden las alianzas con la necesidad de tener negocios. El poderío creciente de China ha cogido por sorpresa a EE. UU. y a la mayoría de Europa, quienes se han dado cuenta muy tarde de que China ha cogido la delantera tecnológica. Además, China también ha demostrado ser capaz de administrar mejor que el resto del mundo la crisis de la pandemia.


A Europa se le está pidiendo que escoja entre EE. UU. y China, y eso no lo puede hacer porque no tiene independencia económica; tiene mucho comercio tanto con EE. UU. como con China. Europa debe ganar tiempo y no reaccionar a la histeria del momento, sino que es mejor esperar para traer análisis reposados y profundos al proceso político de toma de decisiones en Europa, y dejar los titulares de Twitter.


Reconoció que su esfuerzo en los últimos tiempos estaba centrado en persuadir a la opinión pública de que den un paso atrás en la politización de cada uno de los problemas del momento, y en la necesidad de hacer un análisis sobre las amenazas y las oportunidades. También habló de las criticas que se le hacen a Italia sobre que puede caer en la trampa de la deuda por la Ruta de la Seda, explicando que esa trampa es una falacia y que los datos no mantienen esa tesis.


Concluyó que debemos regresar al análisis profundo; siempre hay un entendimiento común, hay que buscar el entendimiento con las culturas que son diferentes pero que están impulsadas por las mismas emociones y metas como individuos. No nos tiene gustar China, no tenemos que cambiar nuestra conducta, solo tenemos que aceptar las diferencias y trabajar juntos y especialmente, en este periodo de drama en el mundo. Las comunidades científicas en EE. UU., China y Europa están cooperando mucho más que los políticos. La esperanza es dar más protagonismo el conocimiento, a la investigación, a los estudiantes, a los profesores y a los think tank para desactivar todos estos peligros que nos amenazan.


A continuación, y tras las exposiciones de los cinco ponentes, se inició una rueda de preguntas con la participación de numerosos participantes que se interesaron por cuestiones tan variadas como las características del modelo económico y social de China, la situación de Taiwán, las elecciones de EE. UU., la capacidad de la Unión Europea de avanzar hacia la unidad política como forma de evitar convertirse en súbditos de EE. UU. o de China, entre muchas otras.


Después de cuatro horas de intenso diálogo y reflexión, se dio por finalizada esta sesión con el anhelo de seguir avanzando en el diálogo entre China y Occidente para conocer, compartir y promover lo mejor de nuestras respectivas culturas y sociedades.



Gloria Claudio Quiroga

Vicepresidenta de Cátedra China

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