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Alicia Relinque, Ganadora de los Premios Orquídea, nos cuenta su experiencia con China

Publicado el 25/09/2023




En una de mis recientes clases de Literatura Clásica China, en la que los alumnos tenían como tarea escoger alguno de los poemas del gran Clásico de la Poesía (ss. XI-VIII aC) para analizarlo, uno de ellos escogió el número 185 donde, a través de la traducción de Carmelo Elorduy[1], leyó los versos “Ministro de la guerra, somos las garras y dientes del Emperador / ¿Por qué nos habéis reducido a esta miseria? /No tenemos lugar donde reposar / Ministro de la guerra, somos las garras y dientes del Emperador / ¿Por qué nos habéis reducido a esta miseria? /No tenemos a donde acogernos / Ministro de la guerra, no ha brillado mucho vuestra inteligencia / ¿Por qué nos habéis reducido a esta miseria? / Nuestras madres se han visto obligadas a cocinarnos.” El alumno comentó: “Por lo que vamos leyendo, me parece que el pueblo chino desde hace mucho tiempo muestra un gran valor, como en este caso en que unos soldados se rebelan contra su superior, ¿por qué la imagen que todavía se da en los medios de comunicación de los chinos es la de un pueblo sumiso?” Cuando uno de mis alumnos es capaz de hacer esta reflexión siento que el trabajo de muchos años tiene sentido; que, a través del aula, de las traducciones, conseguimos que mentes jóvenes se cuestionen el porqué de prejuicios que se prolongan en el tiempo como una barrera que se levanta entre China y España, pero una barrera que lentamente se va desmoronando.


Cuando allá por la década de los 70 del siglo pasado, fui yo la que leí por primera vez poemas de la dinastía Tang, supe que tenía que aprender más de poesía, de literatura china, y que tenía que hacer que la gente que me rodeaba –por entonces en español prácticamente no había traducciones-, pudiera disfrutar de ella como yo acababa de hacer. Y quisiera rendir un homenaje a mis primeros profesores chinos porque fueron ellos los que sembraron en mí el hambre de conocer más una cultura prodigiosa que España se empeñaba entonces en ignorar: Feng Zhumei en la Escuela de Idiomas de Madrid, Teresa Yu en la Universidad Complutense o el profesor Zhao Shiyu, de la Universidad de Estudios de Pekín en su estancia en la Autónoma de Madrid guiaron mis pasos, me descubrieron la maravilla de la literatura china y, con una inmensa generosidad, me regalaron su tiempo, su sabiduría y me enseñaron una forma de conducirme en la vida y el deseo de hacer por otros lo que ellos habían hecho por mí.




Desde entonces han sido muchos los años de esfuerzo, de estudio, pero un estudio y un esfuerzo que siempre han ido acompañados de descubrimientos, de maravillosas revelaciones de textos de ilustres letrados del pasado, que sin embargo, me ayudaron a comprender mejor el presente. Y llegaron más tarde los años de intentar poner en la lengua de Cervantes las magníficas producciones de autores como Liu Xie, Guan Hanqing o Tang Xianzu; años de trasmitirles a mis alumnos, a mis amigos, la belleza de una literatura incomparable.


Desde aquellos años 70 no ha dejado de sorprenderme lo poco que conocemos sobre China en nuestro país, aunque ese conocimiento ha ido profundizándose en los últimos años gracias una labor encomiable realizada por instituciones y organizaciones como Cátedra China, los departamentos en algunas universidades o las diferentes asociaciones académicas o de amistad; China por su parte pone en práctica medidas para fomentar el mutuo conocimiento con otros países con la promoción de los Institutos Confucio, los Centros de Cultura, la multiplicación de becas y la puesta en marcha de una serie de actividades de intercambio cultural que también proliferan.



Pero, además, China es muy generosa con quienes la amamos y nos devuelve con creces el afecto que le mostramos. El día 8 de septiembre de este año, se ha celebrado en Pekín la primera entrega de los Premios Orquídea (Orchid Award), para, en sus palabras, consolidar una base cultural que sirva para construir una comunidad global para un futuro compartido. Entre los casi 250 candidatos de más de 80 países y regiones de los cinco continentes, tuve el honor de ser premiada con otros cinco candidatos en la categoría Friendship Envoy, como dice el diploma que acompaña al galardón “En reconocimiento a una contribución excepcional en pro de los valores comunes de la humanidad y de la promoción de los intercambios culturales y el mutuo aprendizaje”. Echando la vista atrás, agradecida, recuerdo a todos aquellos profesores, compañeros, amigos e incluso estudiantes sin quienes mi relación con China habría sido diferente. Una célebre sentencia de las Analectas dice: “Por su ilustración reúne el hidalgo amigos. Por sus amigos, perfecciona su humanidad”[2]

Sé que conocer otras culturas, cualquier cultura, siempre nos hace a los hombres mejores personas. En mi caso ha sido el estudiar e intentar comprender la cultura china la que me ha proporcionado una gran parte de lo que hoy tengo, mi profesión, mis amigos, mi vida.., y la que, sin duda, me ha conformado como la persona que soy hoy, espero, una persona mejor.

[1]Romancero chino, ed. C. Elorduy, Editora Nacional, Madrid 1984, p. 257. [2] Confucio, Lun yu. Reflexiones y enseñanzas, trad. A-H Suárez, Kairós, Barcelona, 1997, p.92

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